Cabalito

Ignacio Ruiz


Tras 40 años

17/02/2021

Tras un plazo de 40 años de pensar qué hacer, por fin, Pompeya ha decidido que reabrirá las puertas del Antiquarium para mostrar una exposición permanente sobre la ciudad. Con la erupción del Vesubio, Pompeya quedó petrificada bajo las cenizas y la lava volcánica.

Desde 2012 han estado trabajando en la rehabilitación, modernización y puesta en valor con un presupuesto de 140 millones de dólares, todo, para mejorar la experiencia del visitante y facilitar la comprensión del modo de vida en aquel instante.
Todos estos años no han sido en balde, se ha conseguido, como afirman en National Geographic, una línea argumental «coherente y sólida» para narrar la especial relación de los pompeyanos con la capital del Imperio Romano antes del fatídico episodio del año 79.
Casi como lo que ocurre en Toledo, pero sin National Geographic de por medio. Aquí tenemos una ciudad parada en un momento que bien se puede datar hace 40 años ó 1.000 más.
No se han movido ni las manos, ni las mentes, por trabajar en el futuro de la ciudad. No se pensó Toledo para el siglo XXI. Así, cada día surgen más problemas para afrontar nuestra vida cotidiana. Pero es que hoy, año 2021, no se ha pensado qué somos y qué queremos para esta ciudad en el siglo XXII. ¿Nos hemos dado cuenta de la indigencia intelectual de algunos y algunas que mandan? ¿y de su incapacidad para trabajar por el bien común?
Nos canibalizamos nosotros mismos perdiendo la oportunidad de posicionar a la ciudad entre los ejemplos municipales que deberíamos ser. La estamos convirtiendo en una postal añeja, alejada de la realidad e incómoda para vivir. No podemos obviar que, además, damos servicio a los municipios limítrofes (Argés, Cobisa, Bargas, Olías del Rey, Burguillos, etc.), y ellos tienen claro lo que son y lo que van a ser, así sus habitantes viven más cómodos.
Ya hemos perdido 21 años de este siglo, y seguimos vigilándonos a ver quién pone el cascabel al urbanismo, a la movilidad, la carga fiscal y el desarrollo de un sector productivo adecuado a nuestra realidad.
Tras 40 años, en democracia, seguimos pensando qué queremos ser, seguimos echando la culpa al cielo, la tierra o al pasado. Nunca miramos el consenso, sólo la imposición.