Política y Humanismo

Fernando Díez Moreno


La comunidad (4)

Los que hemos cumplido años, que hasta ahora éramos llamados ‘tercera edad’ y a partir de ahora nos llaman ‘grupos de alto riesgo con o sin patologías previas’, nunca habíamos vivido una situación como la actual. Hemos sentido el temor al futuro con la muerte de Franco, el intento de un golpe de Estado, algunas catástrofes naturales de extrema gravedad, epidemias de gripe variadas, la rebelión de una Comunidad Autónoma para separarse de España, entre otros acontecimientos. Pero jamás pudimos imaginar que íbamos a vivir la paralización del país.
Sobre el virus corona se escribe y se dice de todo. Pero hay vida al margen del virus. Y es buen momento para reflexionar sobre algunas cuestiones básicas de nuestra convivencia y seguir difundiendo, con los medios a nuestro alcance, los valores del humanismo cristiano, que nos ayuden a conformar nuestro modo de vivir y ver la vida.
El humanismo se apoya en dos pilares: la persona y la comunidad. A la persona hemos hecho referencias iniciales en colaboraciones anteriores. La comunidad puede ser política (los poderes públicos), social (la sociedad civil) o internacional (globalización). El elemento esencial es la convivencia que cuando se rompe origina el conflicto. La solución del conflicto es la paz.
El hombre, según la Gaudium et Spes, encuentra su plenitud en la entrega a los demás. Es el ideal del compromiso, básico en el humanismo, según el cual, por encima de los derechos y deberes que debemos ejercer y cumplir, está, como propósito superior, nuestra entrega con obras de caridad, con la Iglesia, con una ONG, con la política, o con cualquier asociación benéfica. Comprometerse es algo más que cumplir con el deber.
El concepto que define una comunidad es el de la convivencia y el ideal humanista a alcanzar dentro de ella es el de la solidaridad. Convivencia y solidaridad son los principios para una justa redistribución de la riqueza como instrumento básico de lucha contra las desigualdades injustas.
La sociedad civil es el conjunto de grupos humanos, de instituciones y servicios, de valores e ilusiones, de certezas y recuerdos que fundan un proyecto colectivo en una región, una nación o un continente.
Las relaciones entre la sociedad civil y la política se enfrentan a un problema de límites. La sociedad política debe respetar  lo que por naturaleza corresponde a la sociedad civil. Si lo invade estaremos en el totalitarismo. Por su parte, la sociedad civil puede suplir o complementar las funciones de la comunidad política, como por ejemplo, las ONGs en el ámbito asistencial o de cooperación al desarrollo, o las fundaciones en el ámbito de la beneficencia, la cultura o la educación. La calidad democrática de un país y su nivel de desarrollo en libertad, pueden medirse por la calidad y nivel de su sociedad civil.
Cabe preguntarse si en España tenemos la sociedad civil que reclaman los desafíos humanos y sociales de nuestro tiempo. La respuesta sería negativa si no  fuese por el ejemplo cívico que la sociedad española está dando en la lucha contra la pandemia del virus corona.