Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Una lección de humildad y miles de heroísmo

Llegó un momento en que la humanidad nos creímos casi inexpugnables. Pensábamos que ya solo faltaba «que se decretara la eternidad en esta vida» y que nos colocáramos en el lugar que, desde nuestros orígenes, habíamos dejado a Dios. Ha llegado ‘Paco  con la rebaja’. Resulta que entrados en el siglo XXI un simple, o no tan simple, virus, pone en jaque a la población mundial.
Realmente nadie, salvo mentes privilegiadas a las que solo hacemos caso si pronostican avances, creía que esto pudiera pasar. Parece un sueño. De hecho, cuando por inercia  nos levantamos para hacer aquello que habitualmente hacíamos y vemos que no podemos, casi no nos lo creemos y, embebidos en la soberbia que últimamente ha caracterizado el mundo occidental, casi nos viene el tic de invocar algún artículo de los tantos que, en nuestra Constitución, nos otorgan esos derechos que nos hacen sentirnos dioses.
Quizá esto nos haga volver la mirada sobre nuestra propia esencia y tomemos esta lección de humildad recapacitando sobre nuestra real dimensión. Ya sé que algunos, esos a los que la petulancia les ha vuelto irremisiblemente ciegos, echarán la culpa al primero que tengan a mano, «siempre hay un burro al que dar un palo», pero esa actitud lo único que hará es incrementar su supina ignorancia.
Los españoles tenemos una lección más: no sacar tanto pecho con nuestro sistema sanitario y dejar de colocarnos en lo más alto del podio nosotros solos. Nos ocurre lo mismo que con los campeonatos de fútbol: antes de empezar somos los principales candidatos al título, después, tan solo una vez hemos estado en lo más alto… y no digo yo que sea poco, pero hemos sido campeones del mundo solo una vez.
En el caso de la sanidad, no sé cuáles serán los parámetros para hacer una clasificación, pero, siendo realistas, si ahora vemos las curvas de los muertos de esta pandemia, no somos precisamente candidatos a ninguna medalla. Puede ser que exista alguna razón para que nuestro índice de mortalidad sea tan elevado. Incluso la longevidad de los españoles podrá ser causa de que ahora el virus se esté vengando, pero no estaría de más ver como mejoramos en lugar de autocoronarnos.
Para tener un buen sistema no es suficiente con tener buenos profesionales, que, efectivamente, ejemplo están dando de ello, incluso a riesgo de su propia salud (también han perdido la vida ‘unos pocos’ chinos). Son también imprescindibles los medios. Hemos visto a profesionales de la salud hacerse trajes protectores con bolsas de plástico y así, me imagino que los resultados, por muy abnegados que sean los sanitarios, no pueden ser positivos.
Esto último, la carencia de medios básicos, nos lleva a la última lección de humildad. Yo recuerdo haber salido con una hucha a pedir para ‘los chinitos’ que se morían de hambre. Ahora son los que nos suministran gran parte del material necesario para este combate.
No es momento de la crítica, lo es de empezar a reflexionar. Porque si de un situación como esta no somos capaces de extraer ninguna enseñanza es que merecemos que se repita. Pero sobre todo es el momento de la colaboración, de dos formas: con disciplina para cumplir con nuestra obligación y con nuestro aliento a los que están en primera línea. Lo necesitan.