CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Confinamiento

21/09/2020

Lo han hecho otros países, y en España no solo Madrid ha decretado el confinamiento de algunos barrios y poblaciones; pero Madrid es un símbolo para los españoles y, lo más grave, un símbolo para los extranjeros.

Si se cierra la capital, la lectura que se hará desde fuera es que España no es un país seguro y por muchas medidas que se quieran poner en marcha para recuperar el turismo –ninguna hasta ahora- el confinamiento de algunos barrios de Madrid –la gente no hace distingos entre confinamiento total o por zonas- es un mazazo brutal para el sector turístico pero también en las miles de tiendas y pequeños negocios de esos barrios. Mazazo para los niños y jóvenes sin medios para seguir telemáticamente las clases y, por no decirlo, mazado para la convivencia familiar. No se han cerrado las zonas económicamente más pudientes, sino que en la mayor parte de los casos se trata de viviendas de pocos metros que albergan familias numerosas que no tienen la posibilidad de airearse para aliviar el hacinamiento.

Han coincidido todos los analistas, de izquierdas y de derechas, radicales y centristas: Ayuso y su equipo castigan a los más desfavorecidos, a los que más necesitan que llegue cuanto antes la normalidad porque no cuentan con los recursos necesarios para sobrevivir a la pandemia. El argumento del gobierno regional son las cifras: han confinado las zonas con mayor índice de afectados, pero la razón no es que sus habitantes sean los más irresponsables, sino que viven masificados sin espacio suficiente como para aislar a un afectado o impedir el roce constante entre los miembros de una familia.

Situación de gravedad extrema, devastadora para una región, un país, necesitada de medidas inteligentes, y generosas económicamente, para paliar los efectos dramáticos de una peste difícil de erradicar si el gobierno central no se lo toma con el máximo rigor. En lugar de aprobar leyes absurdas, tendría que poner todo su empeño, todo su esfuerzo, en contratar más sanitarios, comprar el material que se necesita para atender a los afectados, incrementar los rastreadores, abrir centros de atención primaria que descarguen a los saturados –hay personas que hacen colas de dos y tres horas- y multar de forma drástica, expeditiva, a los irresponsables del botellón, de las terrazas abarrotadas, de los que agreden a quienes les llaman la atención por no cumplir las normas. Botellones y terrazas que, por cierto, proliferan en zonas en las que residen los económicamente más pudientes.

Este lunes se reúnen Sánchez y Ayuso. Sería bueno que en lugar de echarse mutuamente las culpas del fiasco, se pusieran a trabajar a fondo los dos gobiernos, dejando de lado la política y tomando decisiones acertadas. Sin complejos, sin estar pendientes de calcular cuál de los dos se apunta el éxito o fracaso del encuentro. Todos los españoles pierden, incluidos ellos, si no se toman en serio la lucha contra el coronavirus.