Amboades

Miguel Ángel Flores


A traición

(…) haciendo con estas artimañas y otras un entorno de falsedad y engaño, para que los ingenuos e inocentes que por la torpeza de exceso de bondad, caen en las redes de los Grandes Traidores y son muchos, los inocentes que caen en las redes de los Grandes Traidores, que al ser muy hábiles en esto de traicionar muy bien en cuanto a la calidad, pues ello lo aplican a una escala, cada vez mayor y cada vez aún mayor. Siendo el beneficio obtenido por los Grandes Traidores, cada vez más pingüe solo para ellos, porque cierto es, quienes han sido traicionados no se dan cuenta, del hecho sino mucho tiempo después, cuando en verdad ya no hay ninguna posibilidad de remedio. Los grandes Traidores, en el circuito más cercano ya se sabe, actúan con compromisos llenos de buenas palabras, siempre con la mayor de las sonrisas delante de quien va a ser su próxima víctima, y en el momento más inesperado, como no puede ser de otra manera, ejecutar la traición. Por ello siempre hay que estar precavidos, visto que siempre los traidores están al acecho, y mucho más cautelosos y astutos están al acecho a traición los Grandes Traidores, los cuales ejecutan sus actuaciones sin reparo alguno, caiga quien caiga. De la actuación ‘a traición’, nadie está a salvo, ni los muchos pequeños traidores, que por supuesto también a su vez son traicionados, porque la lealtad entre estos, es un valor muy voluble, y que la balanza de ello siempre se voltea hacia unos pocos, siempre hacia los Grandes Traidores; Es decir unos usan a los otros, y por no se sabe, qué precio de lealtad sumisa, permiten que les usen en la confianza que nunca ellos recibirán daño alguno. Un ejemplo de esto, es lo que ocurrió en la península Ibérica en el siglo II a.C., entonces Lusitania, comandada por el caudillo Íbero Viriato, un pastor que llegó al rango de general. Manteniendo a raya a los romanos durante años. La tradición cuenta que el procónsul Quinto Servilio Cepión, dijo ‘Roma no paga traidores’ en el 139 a.C., para quitarse del medio a los tres hispanos, Audax, Minuros y Ditalcos, al cobrar la recompensa que el romano les prometió, por matar a Viriato, su jefe. El romano por ese acto mató a los traidores…