CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Caretas fuera

23/01/2021

De la salida de Trump de la Casa Blanca quedan datos muy significativos: el presidente colgado al teléfono llamando a amigos y colaboradores, incluso a los que había echado, para que acudieran a la ceremonia de despedida, ya que nadie quería aparecer junto a él. Queda también para el recuerdo la canción que eligió para su despedida, el My Way de Frank Sinatra con la que pretendía lanzar el mensaje que no se apartaría del camino marcado, recuperar la presidencia en las próximas elecciones. Y queda sobre todo una imagen impactante: al llegar a Florida, Melanie se separó de su marido nada más bajar la escalera del avión y se dirigió, sin saludar a nadie, hacia el automóvil que les esperaba para llevarlos a Mar –a-Lago. Un gesto con el que parecía dar a entender que se acababa la hipocresía de aparecer como la esposa que respalda incondicionalmente a su marido. Ella sí que quería seguir su propio camino, iniciar un My Way que la alejará de Donald Trump.

Hay mucho teatro en la vida privada de ciertos personajes públicos. Muchas escenas mostrando la mejor de las sonrisas con la mujer o el marido con quien ya se han roto los lazos hace tiempo. Ocurre sobre todo el mundo americano, donde la vertiente familiar de un candidato le puede hacer ganar o perder unas elecciones. Los casos de ruptura inmediata, o casi inmediata, nada más perder una presidencia, o un ministerio, son frecuentes. También en Europa, pero en el otro lado del Atlántico se tienen más en cuenta esas cosas y los candidatos se empeñan en hacer como que viven en un mundo feliz, mientras en éste importan cada vez menos los divorcios o separaciones. Con una excepción: Sarkozy pidió a su entonces mujer, Cecile, que le acompañara durante la campaña presidencial aunque estaban separados y ella ya tenía nueva pareja. A las pocas semanas de ser elegido presidente Cecile abandonó el Elíseo, y poco tiempo después Sarkozy conoció a Carla Bruni. En España se han dado episodios parecidos aunque no han trascendido porque se respeta la privacidad bastante más que en otros lugares.

Nadie sabe qué ocurrirá en el matrimonio Trump. Las simpatías son mayoritariamente para Melania, que ha debido aguantar lo que no está en los escritos; no solo infidelidades constantes de su marido sino malos gestos en público y declaraciones machistas y de tinte sexual que con toda seguridad han humillado a la ex segunda dama, que bastante discreta ha sido en estos cuatro años, siempre en segundo plano, ocupándose de su hijo Barron, al que no parece que dedique excesivo tiempo su padre.

El fin de un mandato, tanto político como empresarial, con frecuencia provoca que los poderosos se quitan las caretas. Todo apunta a que Melania estaba harta de la suya y nada más pisar el aeropuerto de Palm Beach, se la ha quitado. Ya no tiene que disimular su estado de ánimo.