Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Tres años sin Jesús Javier

03/07/2020

Mañana hará tres años que murió Jesús Javier Rodríguez Gallardo, periodista y amigo. El tiempo pasa muy deprisa, demasiado. Recuerdo, como si hubiera sido esta tarde en la que escribo, cuando me enteré de su muerte. Un wasap frío como el corte de una navaja a traición. Me tuve que sentar en un banco bajo los plátanos de sombra de la tarde de julio, y no me lo podía creer. Nos quedaban muchas cosas de las que hablar, muchos cafés que tomar. A él toda la vida. Pasaban, como hoy, vencejos con urgencia, llenando el cielo con su orografía volcánica de alas y requiebros.
Jesús Javier era una persona buena, elegante, un caballero de los que nunca ha ido sobrada esta Talavera de nuestros desvelos. Para mí fue la voz de la radio de Talavera, una voz que infundía siempre optimismo, que lograba transmitir personalidad y alegría como ninguna otra, creando eso tan difícil que es una atmósfera de confianza y proximidad, sin dobleces. Talavera siempre tuvo (tiene) grandes profesionales al otro lado del micrófono. Reconozco que ya sólo escucho la radio parar buscar, el poco rato que los dejan, las voces de los periodistas de Talavera, cuando voy en coche por esas carreteras de Dios. Sigo la emisora hasta que se pierde normalmente en el bullicio de Madrid. La radio, como tantas otras cosas, ya no es lo que era. O quizá yo ya no sea el que fui.
Recuerdo las últimas veces que hablamos. Jesús Javier seguía confiando en esta Talavera que nos lleva. Tenía proyectos, hablábamos de ellos. Quería a esta ciudad y confiaba aún en ella. Recuerdo la última entrevista en Onda Cero, algo de la Plataforma del Tajo, hablando un buen rato después en el búnker de los mandos de la radio, que siempre me han parecido, con esas puertas blindadas con ojos de buey, como escotillas de submarinos en algún bajío del Atlántico Norte. Y en el Ayuntamiento, en las últimas ruedas de prensa, ya con un velo de amargura por la eterna deriva de Talavera en su camino a ninguna parte. Le recuerdo irse, el último, por la puerta de la sala de prensa, sombrero en mano. 
Le echo de menos. Mucho. A veces me quedo pensando qué opinaría Jesús Javier de tal o cual cosa de las que van aconteciendo en esta cada vez más predecible y resignada Talavera. Algunas tardes me doy un paseo y hago por pasar por la calle que le dedicamos desde el Ayuntamiento. Una calle pequeña, aún sin construir, cercada de bloques de hormigón. Es demasiado pronto. Era demasiado pronto. En unos años se llenará de vida. Me paro un rato bajo la placa de cerámica y recuerdo la sonrisa y la voz serena de Jesús Javier. Sí, te fuiste demasiado pronto. Hasta siempre, amigo.