Greguerías

Aurelio de León


Difícil de entender

Resulta difícil entender la penosa situación a que se llegó el día 25 de julio, un fracaso debido a la desconfianza entre los dos partidos negociadores y a la ambición política de uno de ellos. Así lo expresan y manifiestan, sin ningún tipo de rubor, unos y otros. El partido mayoritario desconfía de la lealtad del otro socio, temiendo que se cree un doble gobierno dentro del consejo de ministros, con las consecuencias, más que probables, de dar al traste con todos los proyectos que no sean conformes con el deseo y la voluntad de este socio. Por otra parte, este partido, a pesar de contar con un número de diputados sensiblemente inferior al del primero, exige el máximo poder posible con el fin de imponer y sacar adelante sus propuestas. Así es como el pueblo percibe la situación. La gente desconfía de que a estas alturas pueda salir alguna solución similar a la que en principio se esperaba. Después de lo sucedido el pasado mes de julio, hoy cambiaría el título de mi artículo, publicado en domingos pasados, ‘servir o dominar’, por el de ‘no servir, sino dominar’, pues es lo han dado a entender nuestros protagonistas. La derecha, por su parte, alegrándose del fracaso de la izquierda, hace suyos, sin sonrojo alguno, los principios de la extrema derecha en las administraciones en que ha conseguido gobernar. Es lo que ha ocurrido concretamente en Murcia.
A pesar de todo, no se debería tirar la toalla. Todavía hay tiempo para resolver debidamente las cosas y formar un gobierno adecuado a la situación de la sociedad actual, aunque, por la lentitud -más bien estancamiento- en que se encuentran las conversaciones, esta posibilidad se está convirtiendo para muchos ciudadanos en un mero deseo. Yo pediría a los políticos que se paren a pensar, que reflexionen con seriedad, que se dejen de tantas declaraciones públicas -casi siempre descalificatorias de la otra parte- y que discutan todo lo que sea necesario hasta encontrar una salida realista y viable. Que sea el espíritu de servicio, y no el afán de dominio, el que informe todas sus negociaciones y decisiones. No quiero dejar de ser positivo. Sigo confiando en nuestros representantes y esperando de ellos un acuerdo que responda a las necesidades y exigencias de nuestro país.
Señores políticos, reparen en este refrán latino: «Cuiusvis errare est; nullius, nisi insipientis, in errore perseverare» que, aplicado al trascendental asunto que nos ocupa, yo traduciría de esta manera: todos podemos equivocarnos y cometer un error, pero mantenerse en él, sin hacer caso a las voces del pueblo ni a consejeros debidamente preparados y con altura moral, es propio de personas necias. Un proverbio chino dice lo mismo con estas palabras: «El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda en él».