Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Condecorar a Trapero. La mejor Justicia del mundo…

14/06/2020

Al paso que lleva la Fiscalía, va a faltar poco para que Trapero, que entró al juicio como sedicioso, salga condecorado. Esta es la Justicia que tenemos.
Nos pasa con la Justicia como con la Sanidad: nuestra Sanidad es la mejor del mundo, pero, gracias a sus administradores, somos los líderes en víctimas por la pandemia. Nuestra Justicia es igual. La Fiscalía se encarga de darle emoción y de que el justiciable, cuando se enfrenta a un juicio, no sepa si lo mandarán a la guillotina o saldrá con una medalla de ciudadano ejemplar.
El problema mayúsculo que está generando esta cuadrilla que nos gobierna es que ha convertido todo lo público en un torneo, un torneo en la que unos colores combaten a otros colores animados por hinchas, en lugar de juzgados por ciudadanos. La situación, además de irrespirable moralmente hablando, es peligrosa. Cuando se pierde la razón, por apoyar incondicionalmente a unos colores, se corre el riesgo de que ganen los contrarios. Pero, aunque no sea así, solo el hecho de que tengan que imponerse unos colores frente a otros es ya de por sí una tragedia. Cuando se pierde la ponderación, la moderación, la sensatez y la cordura, cualquier disparate es posible. Los españoles nos estamos poniendo en riesgo de cometer algún desafuero.
Este gobierno que nos ha tocado, o hemos elegido, que para el caso es igual, carece del mínimo de conciencia, de inteligencia y de sentido común indispensable para hacer que sobre un mismo suelo puedan convivir madridistas y atléticos, culés y pericos, rojos, azules y amarillos, creyentes y agnósticos… Y esa misión es la función más importante que tiene un gobierno si no queremos terminar devorándonos unos a otros.
Que este gobierno no actúa de forma mínimamente ecuánime lo demuestra el caso de la querella por el 8-M. Vemos cómo el gobierno está instrumentalizando cuanto puede instrumentalizar a su servicio: Fiscalía y Abogacía del Estado. Ya lo ha hecho o intentado hacer antes con la Guardia Civil. Falta que nombre también al juez mediante decreto-ley y lo remueva de la misma forma si no le gustan sus decisiones. Pero, aunque no nombre directamente al juez, teniendo a su servicio a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado, a quiénes trata como verdaderos esbirros, es muy difícil que un juez pueda mantenerse firme cuando de hacerlo se arriesga a que investiguen su vida completa, como hicieron con el pobre Marino Barbero en otra época.
La consecuencia de lo anterior es grave: pasamos, de la noche al día, de ser ciudadanos libres y europeos, protegidos por la égida de un sistema y unas instituciones que garantizan nuestros derechos, a vivir bajo el oprobio de un sistema totalitario, regido por una filosofía del todo ajena al mundo libre. Nos convertimos en siervos, sometido al capricho de un líder fatuo, cada vez más parecido a esos hijos déspotas de los dictadores sudamericanos, y, lo que es aún peor, al dictado de un totalitario declarado -no hay declaración más clara de totalitarismo que declararse admirador de Chaves y Maduro- que no deja ningún espacio a la autonomía personal.
La actuación de la Fiscalía, tanto en el caso de Trapero como en el del 8-M, es el termómetro que publica la fiebre, síntoma de la enfermedad totalitaria impuesta.