La espada de madera

Bienvenido Maquedano


Pereza

28/07/2020

Mi vida es un combate contra la pereza. Se supone que los encierros nos vienen de perlas a los escritores. Tiempo a mansalva para idear historias, animar personajes. ¿Qué mayor felicidad que la de estar en casa y poder escribir y dar a luz a unas criaturas literarias mientras el mundo se detiene? Todos estamos escribiendo más que nunca, contando nuestra vida hora tras hora en ese invento diabólico que son las redes sociales. Ocurre que ese tiempo que de repente tengo entre las manos se va en intentar trabajar algo, ordenar la casa, escudriñar esos rincones en los que no había metido la mano desde hace una década, cocinar, ver películas viejas en Teletoledo o regar las plantas. Neil Gaiman tiene un artículo estupendo sobre Douglas Adams, el autor de la ‘Guía del autoestopista galáctico’. Ni idea de los miles de libros que habrá vendido ese señor antes de morir. Pues bien, Gaiman dice que Adams es el mejor ejemplo que él ha conocido de escritor que hizo todo lo posible por no escribir: buscaba mil excusas, se ocupaba en proyectos extraños, cualquier cosa con tal de postergar la hora de sentarse ante el teclado. En esa concepción de la escritura podría encajar yo, con la insignificante diferencia de que aún no he escrito un libro decente ni superado las setecientas copias vendidas.
He estado ocupado durante cuatro días expurgando mi biblioteca. Un trabajo serio. Unos 400 libros que han visto el camino del punto limpio. Y también estoy leyendo mucho y bueno. He leído, por ejemplo, un libro de Gene Wolf que se llama ‘Paz’ y que a mí me parece una obra maestra. Lo encargué en Hojablanca y me consiguieron un ejemplar publicado por una editorial argentina. Una primera edición no agotada de 1500. Y recordando los montones de libros que arrojé a la basura, y el poco éxito de una obra de arte como la de Gene Wolf, me dio por pensar que a lo mejor somos muchos los escritores mediocres y que no pasa nada si nos apartamos a un lado, y nos dedicamos a disfrutar de las buenas lecturas en lugar de rellenar páginas flojas de contenido y calidad.
Pues eso, que yo no estoy escribiendo mucho más que mis artículos de La Tribuna. Mi columna me sirve de desahogo literario, me divierte, y tiene la gran ventaja de que una vez que se ha leído, sea buena o mala, pasa al cajón del olvido, más o menos como si fuera un mensaje largo de Whatsapp, que puede que sea innecesario, pero que también te pone en contacto, aunque sea por un periodo muy breve, con la gente a la que quieres llegar, o sencillamente con la gente a la que quieres.



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