El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


Las vacas no tienen la culpa

Algunos estudios de Naciones Unidas aconsejan reducir el consumo de carne y sustituirlo por alimentos cultivables, justificando esta propuesta en que el aprovechamiento del terreno es muy superior cuando se destina al cultivo. Somos muchos en el planeta y vamos a ser más, así que conviene sacar el máximo rendimiento a la tierra. Es verdad que en algunas zonas del mundo aún puede ser necesario el incremento del consumo de proteína, pero no en otras… y especialmente, no en Europa y en occidente. Por lo demás, se añaden los consabidos argumentos sobre lo que se considera una dieta más sana. Por último, en el caso concreto de las vacas, yo diría que los expertos se la tienen jurada a esta especie, pues añaden a los argumentos anteriores que sus ventosidades producen metano y parecen ser la causa, en un porcentaje no desdeñable, del cambio climático, ahora llamado preferentemente ‘emergencia climática’.
No soy experto, pero estos argumentos no me cuadran. Puede que la misma extensión de tierra sea más ‘productiva’ dedicada al cultivo, pero hay que considerar otros factores. Mucho antes de que existieran las manipulaciones genéticas, el ser humano había ‘creado’ nuevas especies, mediante la domesticación de otras, con la finalidad de ayudar al ser humano en sus labores, o para el consumo de su carne o de otros productos. Durante milenios, estos animales han acompañado al ser humano. Pero de la misma manera que estas especies se ‘crearon’ para satisfacer necesidades humanas, desaparecerán cuando dejen de cumplir esa función. Sorprende que en Naciones Unidas, tan concienciados con el asunto de la biodiversidad, no se preocupen por los desastrosos efectos que tendría la desaparición de una especie, ya sea total o solo en algunos lugares. Por lo demás, quienes no comen carne por respeto a la vida de los animales, deberían considerar que no les ayudan en mucho si, en lugar de ser sacrificados para consumo, ayudan a su desaparición como especie. Y también sorprende que el respeto a las tradiciones y culturas no abarque una forma de alimentación profundamente asentada en muchos lugares (por no hablar de la forma de vida para tantas familias). Por otro lado, parece extraño que una causa importante del cambio climático que se viene produciendo en las últimas décadas sea… algo que venimos generando hace miles y miles de años. Por último, afirmar que es más sano dejar de comer aquello que ha constituido parte esencial de nuestra alimentación desde nuestros orígenes como especie, resulta un poco llamativo. Y no hablo solo de la carne… sino también del queso y otros lácteos. Y eso son palabras mayores. Lo siento, pero esto me lo tienen que explicar mucho mejor.