Me la juego

Ana Nodal de Arce


La otra Navidad

24/12/2020

Que esta columna no la lean los niños, que bastante tienen con llevar mascarilla al colegio, estar con la ventana abierta y no ver a los abuelos. Los pequeños ya han sido informados de que Papá Noel y los Reyes Magos, que pintan canas, son inmunes al coronavirus y lo demás sobra. Que sean felices, que son nuestro futuro y los protagonistas de unas fiestas que pierden gran parte de su magia cuando desvelamos los misterios que esconden.
En fin, lo de los niños lo digo porque así, casi sin querer, me he topado con alguna de las entrevistas que le hice al gran Fernando Ruiz de la Puerta sobre los mitos de la Navidad, muchos de ellos recogidos en los evangelios apócrifos, esos textos que no fueron aceptados por la Iglesia y que plasman una realidad diferente a la que sustenta esta celebración universal. No sé si se acuerdan, pero el primero que, allá por 2012, nos dejó de piedra fue el papa Benedicto XVI, cuando escribió en un polémico libro que la mula y el buey no debían estar representados en el belén porque nunca flanquearon a la sagrada familia. Eso fue una convulsión en su momento, tal vez porque por aquel entonces nadie imaginaba las vivencias apocalípticas que íbamos a experimentar en 2020. Pues bien, Ruiz de la Puerta, investigador y matemático, no solo ratificaba las palabras del pontífice, sino que añadía más información: esos animalitos los introdujo San Francisco de Asís en el siglo XIII, con la autorización papal pertinente para que nadie le acusara de hereje.
En fin, que casi nada es como nos lo han contado: el niño Jesús no vino al mundo el 25 de diciembre, porque en la Biblia se habla de que los pastores dormían al raso y eso es casi imposible con la que caía en Belén por esas fechas y los Reyes Magos se cree que eran sacerdotes persas astrónomos que pudieron seguir la estela de una conjunción planetaria de Marte, Júpiter y Saturno, algo parecido a esa llamada estrella de Belén del pasado 21 de diciembre, que en Toledo no vimos porque se nubló.
Después de permitirme estas pinceladas de la Navidad, mezcla de leyenda y tradición, me centro en el afán que se extiende en estas fechas por reunir a las familias, incluso cuando solo tienen en común su ADN. Han sido los gobernantes los que se han empeñado, ya desde octubre, en fomentar esta celebración, en repetir que había que congregarse en los hogares, con precaución eso sí, mientras han convertido las calles en auténticas verbenas, en Toledo desde noviembre, se supone que para disfrute de los sufridos vecinos. Ahora se quejan de que hay aglomeraciones en las vías públicas, cuestionan la Nochebuena en familia y animan a cenar con mascarilla y la ventana abierta. Total, estamos en diciembre. A ver si somos coherentes, que esto ya no hay quien lo aguante. Así pues, queridos lectores, paciencia para soportar esta incertidumbre, ánimo para quienes han sufrido pérdidas en esta trágica pandemia, fuerza para superar las dificultades económicas, recuerdos para nuestros mayores, que son auténticos héroes, ahí está mi madre, y ceses para quienes lo merecen y se resisten a dimitir. Algunas no vamos a olvidar esta Navidad.