RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Universo low cost

30/10/2020

Una de las cosas que más me sorprendió cuando me instalé en Estados Unidos fue la sensación de que allí todo el mundo intenta engañarte a todas horas. Me podía esperar eso de un zoco de Marruecos, pero no de la primera potencia mundial. El bróker que me vendió el seguro médico, el dealer al que compré el coche, la empresa a la que alquilé el apartamento, incluso un tipo que vino a limpiar la moqueta y que se empeñó en cobrarme un servicio desinfectante carísimo que yo no había contratado. Llevar a la niña al médico era una angustia porque no sabías si realmente tenía sentido comprar el inhalador de 900 dólares que te estaban recomendando, o si realmente necesitaba tres análisis de sangre y orina para descartar complicaciones improbables de una gripecilla otoñal.
La publicidad engañosa, los trucos, los timos, los falsos descuentos… Es evidente que esa cultura comercial y corporativa cada vez está más presente en España. El consumo se está convirtiendo en una actividad francamente cansada, a menudo desagradable y estresante, a la que hay que dedicar tiempo y esfuerzo para conseguir ya no un buen precio sino un acuerdo razonable. Desde los operadores de telefonía hasta los vendedores de coches, resulta agotador encontrar una empresa que no juegue con márgenes ocultos y tense la relación con el cliente hasta llevarla a la línea roja que separa negocio de estafa. El marketing y la competencia extrema acaban alimentando un ecosistema de precios teóricamente bajos y acuerdos aparentemente ventajosos para el cliente que a la larga resulta insufrible. Ya no solo para los clientes, sino también para quienes se tienen que ganar la vida engañando a los demás.