LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


El manantial

La dirección es más importante que el movimiento. Emmanuel Macron es obvio que posee la capacidad intelectual para saber a hacia dónde debería ir. Es joven, inteligente, ambicioso y posee un estatus económico que le permite ver las cosas con distancia.

El problema de los políticos jóvenes es que confunden el talento para detectar lo que falla con la habilidad para solucionarlo. Para lo primero basta solo con unos básicos recursos de observación, cierto es que, últimamente esto no abunda. Además, hay que tener nulos prejuicios, esto sí que escasea por doquier. Los políticos actuales tienen la empatía para detectar el enfado popular, algunos hasta para encauzar dicha ira frustrada, pero ignoran lo difícil que es construir.

El presidente francés ha sido un experto en destruir todas las instituciones. Su argumento es muy simple pues confunde su persona con el Estado y se ve a sí mismo como el salvador de la patria. No es que el chico no sea listo, pero cualquiera que confunda su ser con la nación tiene un problema sicológico grave. El drama francés es la falta de alternativas constructivas en el horizonte.

Su último gran análisis ha sido afirmar que la OTAN está en muerte cerebral. Que la Alianza Atlántica no pasa por sus mejores momentos es evidente. Europa lleva dos décadas sin invertir en defensa y su compromiso leal hacia sus socios es débil. Los países bálticos y Polonia solo confían en Estados Unidos, mientras que la Unión Europa ha demostrado que es un pigmeo militar sin ambición.

Un estadista no habla sino que actúa. Si él cree que dicha institución militar no es efectiva, lo primero que tiene que hacer es tener un presupuesto de defensa acorde a su ambición. Confirmar con hechos materiales que su compromiso en la defensa de Europa y los aliados es absoluta. La triste realidad es que el garante del suministro energético europeo de Oriente Medio y el freno a las agresiones rusas es Estados Unidos. Su argumento solo puede conseguir que algún presidente norteamericano despistado le tome la palabra y deje solo al continente. Putin sonríe desde la lejanía.

En el campo militar la credibilidad se obtiene con una fuerza real operativa y la voluntad de usarla. Europa necesita una estrategia militar que detecte nuestros enemigos, dote de medios disuasorios efectivos y que demuestre nuestra determinación de responder a cualquier agresión. El apaciguamiento comercial nunca ha servido de nada. Deberíamos haberlo aprendido hace tiempo.