Me la juego

Ana Nodal de Arce


¿De qué se ríen?

19/11/2020

El último capítulo del vodevil del Hospital de Toledo lo hemos vivido este lunes, cuando el presidente Page, en un ardid de diplomacia sin igual, invitó a los Reyes a la ¿inauguración? del centro ‘orgullo’ de Castilla-La Mancha, que es bonito, grande, vanguardista y que se cerró una vez la comitiva abandonó la zona habilitada para esta puesta en escena, en medio de un derroche de propaganda propio de los mejores tiempos del socialismo de esta tierra. Nada acertada fue la iniciativa. Allí había más gente que en la guerra, es un decir muy toledano, teniendo en cuenta que el propio Page tiene a Toledo en fase 3, con interiores de bares y restaurantes cerrados, aforos limitados y reuniones autorizadas de no más de seis personas. Y qué decir de la dichosa distancia de seguridad, que brilló por su ausencia en esos paseíllos por el megahospital, que sigue sin tener accesos para ambulancias, ni transporte público, ni aparcamientos. Por cierto, serán de pago.
Page, emocionado, seguro que ansioso de dar abrazos tras el disgusto que le ha dado el gobierno de Sánchez con Bildu, decidió presumir de lo suyo, aunque en el vídeo promocional la historia del hospital se han omitido capítulos como los impagos a la UTE encargada de la obra en 2010, en tiempos del socialista Barreda. El acto me recordó a otros tiempos, cuando los políticos se separaban de los ciudadanos mediante un cordón de seguridad marcando privilegios. Allí no se vio a los vecinos que protestaban por los depósitos de amianto en el Polígono, con un peligro real que a los gobernantes les preocupa lo justo. Eso sí, Page anunció que el 30 de noviembre llega el primer paciente. No querría encontrarme yo en su piel, porque veo que le preparan un especial en la cadena regional con un seguimiento obsesivo hasta que le den el alta. Y eso no, que uno tiene derecho a guardar su privacidad, aunque me temo que el paciente 1 no va a pasar desapercibido.
Durante el vodevil apareció radiante la alcaldesa, quien aprovechó la jornada para recordar en sus redes sociales que era el Día del Patrimonio, algo que a Toledo le sobra, aunque los tolonistas pretendan destruir parte de la Vega Baja con un cuartel y cientos de viviendas.
Más allá de figurantes o figurones, a través de las cámaras de CMM unas imágenes me sorprendieron: allí estaban los consejeros del gobierno regional riendo, como si asistieran a una representación teatral de Los Morancos, (imposible, los teatros están cerrados), al límite de su felicidad. Entonces, no me quedó otra que imaginar los motivos de sus sonrisas, en plena pandemia, inaugurando un hospital que no funciona y en una región confinada: ¿estarán orgullosos de sus subidas de sueldo?, ¿de que seamos la sexta región por la cola en test?, ¿de los muertos en las residencias, de que no hayan establecido un protocolo de visitas y actuaciones y hayan confinado a los mayores pisoteando sus derechos?, ¿de mantener cerrado el Hospitalito del Rey? Eso es para partirse de risa y tomarse unas cañas después, eso sí, en una terraza. Con estufa, para calentar corazones helados.