Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Ventajas competitivas

19/11/2020

Todos vamos siendo conscientes de que las consecuencias de la pandemia en la economía están alcanzando una entidad cada vez más preocupante. Su efecto no está siendo homogéneo, como era previsible, y distintas organizaciones internacionales e instituciones nacionales, que hace tiempo que lo han señalado, nos instan a prepararnos, abordando las acciones pertinentes, para hacer frente a las dificultades.
Así, por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) asume que la recuperación será «larga, residual e incierta» y el Banco Central Europeo (BCE) la califica de «incompleta, incierta y desigual». Un indicio inequívoco de las disparidades es el comportamiento de los principales índices bursátiles del mundo, puesto que una de las funciones de la Bolsa de valores es canalizar el ahorro hacia las inversiones más rentables. Así, hasta primeros de este mes de noviembre, el español IBEX 35 había descendido un 19,25% y el FTSE 100, las 100 empresas de mayor capitalización bursátil del Reino Unido, un 16,51%, aunque el DAX, grandes compañías alemanas cotizadas en Fráncfort, lo hizo en solo un 0,65%. A su vez, los estadounidenses Dow Jones y S&P 500 aumentaron en un 3,09 y un 9,74% respectivamente, mientras que el japonés NIKKEI lo hacía en un 5,28% y el tecnológico NASDAQ 100 crecía el 33,11%. Tampoco dentro de España el impacto sobre la economía se está experimentando de igual manera en todas las regiones y sectores, estando más afectados aquellos dependientes del turismo internacional y las exportaciones.  
Convivir con el Covid-19, aunque el mundo ya ha comenzado a adaptarse, está siendo un serio revés para la calidad de vida de los habitantes del planeta y será necesaria la ayuda multilateral destinada a los más vulnerables, incluida la necesaria para la distribución de la vacuna en todos los países. Por el momento, solo un impulso fiscal, además del institucional, puede hacer posible garantizar la recuperación y ayudar a vencer las incertidumbres. Por eso, la UE ha adoptado medidas de emergencia excepcionales, un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros, que negociara en el mercado financiero, de los que España podría percibir unos 140.000 millones para invertir en el plazo de seis años.
Aunque la recuperación sea incierta, si se consigue pronto una vacuna, nos ocupamos de la eficiencia de esos fondos y se aplican reformas estructurales que mejoren nuestra capacidad productiva y  complejidad económica, pues seguramente el escenario futuro podría ser más alentador. Por ello, hay que pensar bien cuáles son los sectores con futuro económico -lo que no suele dársele muy bien al sector público- analizando las ventajas competitivas que se presentan en cada entorno concreto, para dirigir estos fondos hacia empresas y actividades que nos ayuden a conseguir mejores resultados con los recursos estratégicos que se empleen, porque sean lo menos circunstanciales posibles y porque procuren una rentabilidad que se traduzca en mejoras para nuestra economía.
España continúa entre los innovadores moderados de la UE, lejos de la primera posición de Suecia, por la capacitación de sus recursos humanos y su infraestructura digital, o de Portugal, rescatado en 2011, líder en innovación en PYMES y banda ancha (EIS 2020).