Amboades

Miguel Ángel Flores


Distinto

16/11/2020

Hoy día, según nos han contado después de no tener libre albedrío, parece ser que cualquier persona puede opinar, decir, hablar, escribir o esas cosas parecidas, pero la verdad de la realidad es otra. Porque hoy día, la vida que vivimos está apoyada en unas circunstancias nunca imaginadas por nadie. Esta realidad actual, tan solo estaba en los sueños más perversos de las personas más perversas, qué si se imaginaban esta realidad de un movimiento controlado de todo, excusado en una seguridad para la garantía de la vida humana.
Así, en este sencillo y simple contexto cualquiera escribe, opina, dice, habla o esas cosas parecidas, pero eso sí, dentro de unos límites, como la velocidad en la carretera, que aunque legalmente te dejan comprar un coche con facturas reales y legales, de tropocientos caballos de potencia y que en el panel de control pone que su velocidad puede llegar a otros tropocientos kms/hora, en un concesionario muy lujoso y oficial que incluso, en ese tipo de venta el vendedor si es el caso hasta te invita a comer (comer y beber) en el mejor restaurante, por hacer esa gran venta de tropocientosmil euros de ese exclusivo vehículo, de esas marcas con animales como caballos rampando, serpientes o toros mugiendo, todo esto así es muy legal.
Pero resulta que tan solo se puede ir, según qué lugares, a no más de 120 kms/hora, porque, si no todo el mundo sabe las consecuencias, amparándose y con toda la razón en la seguridad y salvaguarda del resto de las personas, por eso de la libertad de uno termina o comienza, con la libertad del otro y esas cosas, y de esta manera digamos que se acepta este equilibrio.
Tristemente bajo el amparo según que, criterios que sé quien piensa, imagina, elucubra o solo se le ocurra, (recordar una cosa es una ocurrencia y otra distinta son ideas maravillosas o ‘buenas ideas’), que por la salvaguarda y seguridad de la vida humana es por lo que se lucha y por eso se toman estas decisiones complejas y duras, pero eso sí, todo cualquiera puede seguir hablando, opinando, escribiendo, diciendo o esas cosas, pero más bien en su casa, porque la verdad de la realidad actual de la vida es otra.
Y esto no es de ahora, ‘antes’ y hoy día si eres alguien que tienes diferencias respecto de los «iguales», malo, ya Juan Ramón Jiménez (1881-1958) lo dice en su poema Distinto.