Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Neguentropía

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar la Universidad de Wroclaw en Polonia. No había estado antes en este país. Aunque su historia no me era desconocida, no dejó de impresionarme el efecto de las numerosas contiendas bélicas, de los cambios de fronteras y de regímenes políticos que ha sufrido. Despiertan admiración sus habitantes capaces de reinventarse muchas veces a lo largo de la historia para adaptarse a las circunstancias y sobrevivir.
La Universidad fue fundada por Leopoldo I de Habsburgo en 1702 que da nombre a la majestuosa sala barroca destinada a los grandes eventos académicos. Preside bajo la bóveda el emperador flanqueado por dos esculturas que representan su lema: ‘Consilio et Industria’. A la derecha, un anciano con un libro y un espejo, símbolo del intelecto y la verdad. A la izquierda, una mujer que sostiene una colmena, símbolo de la diligencia.
El conocimiento fructifica mediante el trabajo. Al fin y al cabo, a los ampulosos discursos repletos de felices ideas y a los interminables debates sobre grandes proyectos, para los que nadie sabe quién trabaja en hacerlos realidad, suele pasarles como a las discusiones bizantinas a las que sorprendieron los turcos otomanos tomando Constantinopla.
Otra de sus salas está dedicada al recuerdo de los once premios nobeles que han pasado por sus aulas como profesores o alumnos. A mí me alegro encontrarme con Karl Von Frisch, autor del fascinante libro ‘Vida de las abejas’, que gracias a su perseverancia y a sus pacientes observaciones logró descifrar como se comunicaban entre sí los individuos de la colmena. Pudo demostrar que las abejas exploradoras informan al resto de dónde se encuentra el alimento, indicándoles la abundancia, la dirección y la distancia, mediante movimientos rítmicos conocidos como ‘danzas de las abejas’. Por este y otros trabajos recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1973 compartido con Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen, padres de la etología dedicada al comportamiento animal.
También fue profesor en las aulas de Breslau Erwin Schrödinger, Premio Nobel de Física 1933. Como físico teórico, es conocido por ser uno de los padres de la mecánica cuántica y por acuñar el concepto de entropía negativa, la neguentropía, en su clásico ensayo científico ‘¿Qué es la vida?’. En él plantea que no hay tal aparente contradicción de los seres vivos con la segunda ley de la termodinámica y la irreversibilidad de los fenómenos físicos asociado al desorden energético, entropía, que acaba degradando un sistema cerrado con el tiempo. La cuestión era considerar a los sistemas biológicos como sistemas abiertos que son capaces de modificarse, gracias a ‘cristales aperiódicos’ de los cromosomas que lo reequilibran, para adaptarse a las condiciones de su entorno y mantener su entropía negativa. Esto inspiraría a Watson para descubrir la estructura del ADN.
Los seres vivos tiene capacidad reactiva, adaptativa e interactiva con el medio. Los sistemas sociales, como en Wroclaw, capacidad para promover procesos generativos con los que crear algo diferente y sobrevivir.