Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Primera escuela de párvulos en Talavera

Se cumplen ahora 140 años de la llegada a Talavera de las Hijas de la Caridad.  En 1879 el Ayuntamiento de Talavera negocia un acuerdo con la Congregación para que seis hermanas asistieran a los enfermos del Hospital Municipal de la Plaza del Pan; en el contrato el director y Visitador General de la Orden apunta la posibilidad de que las monjas, aparte de sus ocupaciones sanitarias, también pudieran desempeñar una función docente haciéndose cargo de una escuela de párvulos para niños pobres menores de seis años.
La Corporación acepta por unanimidad la sugerencia ya que desde 1865 se intentaba instalar este tipo de escuela en la ciudad, pero ninguno de los proyectos había cuajado, Pedro Portalés es el talaverano que más se había interesado por el asunto de la educación preescolar. Ese mismo año de 1879 se inicia el proyecto y el presupuesto de obras para habilitar convenientemente un local que acogiera al parvulario dentro del propio recinto del Hospital Municipal, concretamente en el local que había sido la antigua Casa Inclusa Municipal.  
El Ayuntamiento no cuenta con liquidez y tienen que adelantar los dineros para las reformas de manera altruista los regidores Luis de Aguirre Ibarzabal y Anastasio Ortega y Gallardo, cuyo importe superaba los 8.000 reales. Se elabora un exhaustivo reglamento para el régimen interno y de admisión de alumnos y se inaugura la escuela de párvulos el 4 de abril de 1880.
Tiene un gran éxito desde el primer momento y se ve desbordada en sus previsiones iniciales.  A partir de primeros de julio 1889 la escuela de párvulos crea de forma paralela un ‘asilo’ en la idea, y vista la necesidad, de que los niños más pobres que a ella asistían, pudieran permanecer debidamente atendidos durante todo el día mientras sus madres trabajaban con más libertad y tranquilidad. Se flexibiliza la hora de entrada y de salida de los niños, se les daba el desayuno y la comida y se organizan actividades para las horas no lectivas.
En 1892 Eugenia de la de Llave, mujer de Luis Aguirre Ibarzabal, construye a sus expensas, en la parte trasera del Hospital Municipal, una escuela de nueva planta con objeto de ampliar la enseñanza que recibían las niñas del parvulario una vez que cumplían los seis años, el Colegio que hoy conocemos como de la Milagrosa.