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La memoria del hombre es limitada. La de la Naturaleza no. Y la del agua menos. Un río nunca olvida su camino, aunque se le desvié, se le seque, se le meta en un tubo, se le retuerza. La memoria del hombre es muy limitada, y sobre todo la urbanística, la que se rige por unos plazos que la Naturaleza no entiende. Y menos el agua. Las riadas del jueves en Toledo y sus localidades del sur, son recurrentes y, como las grandes avenidas del Tajo ya –de momento– olvidadas, se han sucedido en el pasado; y volverán. El problema es que es más fácil recalificar un cauce, despreciar el caudal que cada diez, cincuenta, cien o quinientos años puede pasar por allí, que proteger su traza, mantener sus riberas, su espacio de dominio público hidráulico, integrarlo en entornos urbanos y aprender a convivir con ello.
Isabelo Herreros, que conoce muy bien Santa Bárbara, recordaba ayer cómo era el barrio cuando se convivía con el arroyo de la Rosa, con las pozas que quedaban en la parte alta en verano; con el arroyo discurriendo a cielo abierto, y cada ocho o diez años saliéndose de madre e inundando las huertas que servían como colchón amortiguador; pero saliendo libremente hacia el Tajo, no como ahora, bajo tierra y en un tubo. Los tubos son soluciones normales, y de paso los usamos como colectores de aguas residuales. Total, para qué… En los países civilizados ya están recuperando y devolviendo al exterior los ríos que entubaron décadas atrás, reconstruyendo espacios verdes y zonas que se recuperan al coche. Ciudades más verdes, limpias, con corrientes de agua y esas cosas. Por lo particular, y conociendo el entramado de arroyos entubados y convertidos en cloacas que cruzan la trama urbana de Talavera de la Reina, propuse hace años recuperar y dejar abiertos, como bosques riparios en el corazón de la ciudad, grandes tramos de la Portiña, el Papacochinos, el Berrenchín… Creo que todavía se están riendo de mí.
El urbanismo de asfalto, adosado, entubado y si truena y llueve que no pase nada, es lo que funciona en este país. Estos días trabajaba con el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI), del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la delimitación del Dominio público hidráulico (DPH), y las Zonas de flujo preferente (ZFP). (Por cierto, hasta el 22 de septiembre está a información pública los Planes de gestión del riesgo de inundaciones (PGRI) del 2º ciclo (2022-2027), entre ellos el del Tajo, y creo que es algo muy importante para que se tome en serio por parte de muchas administraciones locales, entre ellas Toledo.) Da bastante miedo analizar la cartografía existente sobre inundaciones, para periodos de retorno de diez, cien y quinientos años, superponiéndola a las zonas construidas, y eso que creo que las delimitaciones se le han quedado muy cortas al Ministerio. La Naturaleza siempre será imprevisible dentro de su previsibilidad, pero podemos limitar los daños. Si hemos taponados los ríos, hemos construido sobre ellos, y los modelos –y las evidencias– nos indican que cada vez los episodios de trombas de agua van a intensificarse… estamos tardando en devolverlos su espacio. Porque, como hemos visto, no acostumbran a pedir permiso.