A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


Diez años del Ateneo Científico y Literario de Toledo

08/03/2021

Comienzo esta semana pidiéndoles perdón por reiterar el tema de mi columna semanal en un acontecimiento concreto, pero me parece que tanto la de la semana anterior como la que hoy vengo a reivindicar tienen una importancia suficiente como para ser destacadas. Sobre todo, si hablamos de efemérides como la de esta semana, que están basadas en un sustrato intelectual serio cuyas miras están enfocadas al desarrollo del pensamiento. Efemérides, por tanto, que aportan a la sociedad algo verdaderamente tangible y aprovechable para sus individuos.
El próximo día once de marzo, se cumplirán diez años de la fundación del Ateneo Científico y Literario de Toledo y su provincia. Esta institución cultural, fundada por el académico y profesor Juan José Fernández Delgado junto al historiador Ventura Leblic García, al psicólogo Juan Andrés López-Covarrubias Martín-Caro y a otros cuantos hombres y mujeres del mundo cultural de la ciudad, ha velado desde el momento de su creación por devolver a Toledo algunas de las costumbres más aquilatadas en la vida ateneísta de nuestro país. Villacorta Baños define a los ateneos como «instituciones estrechamente vinculadas con la aparición del espacio público liberal y burgués que organiza la competencia ideológica en las nuevas tareas del gobierno político y en el reconocimiento y promoción de los nuevos gustos estéticos».
La fundación en 1835 del primer Ateneo de España, que fue el de Madrid, sirvió como revulsivo para el nuevo desarrollo de este ideal ilustrado que es el ateneísta. Dos siglos después, es una realidad cultural que late por toda España con fuerza y que, como parnaso de la sabiduría, es sin titubeo muy frutal. En el discurso inaugural del Ateneo de Madrid, el Duque de Rivas explicó la importancia de los ateneos a través de uno de sus fundamentos, que es el del debate intelectual: «Así que las academias y cuerpos científicos y literarios tan pomposamente instituidos y dotados por Luis XIV, aunque han derramado muchas luces, y adelantado mucho la cultura europea, no han sido, en mi juicio, tan útiles a? la difusión del saber, y a? la saludable propagación de los conocimientos que civilizan y mejoran la especie humana, como cualquiera de los clubs científicos y literarios, que espontáneamente han nacido en Inglaterra, a? la sombra benéfica de la libertad. El producto de aquellas fueron flores cultivadas con esmero en las cerradas estufas de un regio jardín, donde halagaban el olfato y la vista de los cortesanos; el producto de estos han sido plantas lozanas y jugosas, criadas al aire abierto en los bosques de la naturaleza más que para el recreo, para utilidad de los hombres».
También en nuestra provincia de Toledo se desarrolló ya en el siglo XIX el ideal ateneísta, aunque lo hizo de forma efímera. Gracias a los estudios de Rafael del Cerro Malagón, sabemos que Toledo conoció el primer Ateneo de su historia en 1838, que vino de la mano de un grupo minoritario de jóvenes deseosos de crear una asociación literaria donde desarrollar sus anhelos intelectuales, cuya idea esencial conforme a sus estatutos fundacionales, aprobados el dos de septiembre de 1838, fue la de «la mutua comunicación de ideas de manera metódica y provechosa». Cuatro décadas posterior a la exigua vida de esta entidad cultural toledana, Isidro Sánchez escribe que vio la luz un periódico llamado El Ateneo, dirigido por Enrique Solás y Crespo, de periodicidad semanal y quincenal, que se hizo eco tanto de noticias de diversos ámbitos como de las conferencias y actos del Centro de Artistas e Industriales de Toledo. Apenas duró un año, pues solo publicó veinte números entre el doce de marzo de 1878 y el treinta de enero de 1879. Tras su suspensión por las autoridades del momento, en febrero de 1879 salió una nueva publicación con el nombre de El nuevo Ateneo, que vino a sustituirla y cuya vida se prolongó, al menos, hasta 1890.
A día de hoy, el Ateneo vela por sacar a la palestra la nota consustancialmente humanística de Toledo, cultivando las artes, las ciencias y todo género de cultura, desarrollando para ello actividades como conferencias, exposiciones y tertulias intelectuales con expertos en los diversos temas que se proponen. La tribuna ateneísta de la ciudad es, y pretende ser, un espacio donde reinen las construcciones intelectuales, los debates multidisciplinares y las reivindicaciones ciudadanas. En su discurso de inauguración, el Presidente del Ateneo toledano, Juan José Fernández Delgado, expresó esta idea: «este glorioso pasado cultural, científico y artístico exige para Toledo un foro de opinión amplio y abierto; un anfiteatro en el que resuenen las más variadas propuestas, proyectos e inquietudes expuestos en libertad, libertad para el que las expone y, también, para el que disiente de ellas, y siempre guardando el prurito y el decoro en el decir. Y esto es lo que pretende ser este Ateneo Científico y Literario: hacerse eco de aquel pasado histórico y cultural, que ha exigido largos periodos de convivencia, de contrastes de opiniones, de pareceres distintos y de puestas en común mediante el diálogo, del que ha surgido una venerable tradición tertuliana entre los toledanos adecentada y enriquecida por ilustres visitantes».
Son muchos los proyectos que el Ateneo prepara para celebrar su décimo aniversario, que coincidirá con el centenario de Alfonso X el Sabio. Y es mucha la vida cultural que ha ofrecido y puede ofrecer el Ateneo. Ahora bien, para ello necesita del compromiso de los toledanos. Por eso, desde estas líneas, les animo a que se familiaricen con esta institución única en Toledo, dentro de cuya dinámica está inscrita en letras de fuego la reivindicación de las pequeñas cosas que hacen a la ciudad y a la provincia ser lo que son. Si los toledanos no nos comprometemos con los proyectos que nos ayuden a reafirmar nuestra tierra, ¿quién lo hará?