Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Tiempo, espacio

Coloqué este invierno dos tableros en mi despacho. Recuperé la vieja mesa de dibujo de los ochenta, cuando estudié en Maestría y después la carrera. La tengo lleno de libros, de mapas de Gredos, de Praga, abierto al azar un catálogo de la Juan March que no pude devolver a la biblioteca, paisajes del romanticismo nórdico, brumosos y como gastados. Últimamente lo veo todo apagado, como si los colores se me fueran yendo. Desde la otra mesa trabajo y escribo, a mano y a ordenador. Levanto la mirada y Talavera se va oscureciendo, las luces de la Barrosa, amarillas y perezosas, las huertas, urbanizaciones, las luces mínimas de El Real de San Vicente sobre la línea de la sierra, hoy velada por la calima de África. Miro y está la distancia. No necesito cortinas, ventana clásica de los setenta, el viento del este entra frío, desangelado.
Talavera estos días es silencio. Y tensión contenida. Supongo que como toda España, pero aquí algo más. Leía hace unos días la Carta de Atenas. Le Corbusier divagaba en los años treinta, en el barrunto de las Guerras, sobre el equilibrio entre lo individual y lo colectivo, lo social, lo común, como garantía de lo propio, de cada uno. Qué hay más valioso que la vida, la tuya, la de los tuyos, la de todos. Hemos entrado en un túnel y no sabemos qué paisaje espera a la salida, como cuando recorro caminos nuevos, territorios inexplorados que ni siquiera consulto el día antes en los mapas. Es la vida, me digo, la sorpresa, lo por venir. La vida.
Miro por la ventana. Se han ido los aviones roqueros que han pasado este no invierno atalayados entre los merlones de mi edificio. Han llegado los aviones comunes, y de vez en cuando pasa alguna golondrina, subiendo hacia el norte, recta hacia los puertos de Gredos. Cruza la pareja de cernícalos, y por las noches aún marcan su territorio los cárabos. Van brotando los plátanos. Y pasa de vez en cuando el escándalo de un escuadrón de vencejos, avanzadilla, exploradores del verano. Ha llegado la primavera, porque a la primavera no la para nada ni nadie.
Leo Especies de Espacios, de Perec. Durante mucho tiempo me acosté por escrito, Proust. Sobre la mesa espera En busca del tiempo perdido, en papel, por fin. Habrá tiempo. Tiempo y espacio. Estos días me traen el ritmo, la planitud y plenitud de Hans Castorp en La montaña mágica. Estamos hechos para llenar espacios, más que tiempo, porque el tiempo sigue sin existir, aunque se mida, escriba, dibuje... Piense. ¿Pero qué ocurre cuando la calle, el barrio, la ciudad se convierten en vacíos que rebosan? Ya sólo cruzan los satélites de la madrugada. La densidad media de los 22 distritos de Praga es de 25,57 habitantes por hectárea. Cohen canta en Youtube A Thousand Kisses Deep. Belleza. Libertad. La ciudad contiene su latido. La sangre se concentra. Los vencejos cruzan su primavera.