RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Todo lo aprovechable

25/09/2020

A mi hija le han pedido en el colegio que escriba una redacción optimista y hemos estado un buen rato pensando en todo lo aprovechable de la pandemia. Si te sientas a darle vueltas, al final salen cosas. La primera de la lista se nos ha ocurrido a los dos al mismo tiempo: el redescubrimiento de los pueblos pequeños. Lo que pasa es que nos hemos pasado todo el verano en lugares diminutos. La mitad del tiempo en los cuatro valles de León y la otra mitad en el pueblo de mis abuelos. Aquella fue una transición eufórica que recordará toda la vida: del confinamiento a la libertad extrema que se experimenta con ocho años y una prima segunda en un pueblecito de la sierra norte de Guadalajara.
También es cierto que hemos pasado juntos más tiempo que ningún otro año haciendo lo que hace un padre con su hija: viendo películas o jugando a la PlayStation por la noche a escondidas cuando su madre se iba a la cama. No creo que esos ratos se nos vayan a olvidar nunca. Desde que nos dejaron salir, por otra parte, hemos paseado por el campo casi a diario. Y la niña ha aprendido a mirar los atardeceres y las estaciones, a fijarse en colores y formas que no había visto nunca. Luego están las cenas y comidas de los fines de semana, las recetas, las carreras con mascarilla, además de esa pizzería de barrio en la que nunca se nos habría ocurrido asomar la cabeza y que se ha convertido en nuestro lugar favorito.
Quién sabe cómo acabaremos recordando todo esto. Debería ser el peor año de nuestras vidas, pero tampoco podemos descartar que acabe siendo uno de los mejores. La memoria es una red, que decía Wendell Holmes: está llena de peces al sacarla del arroyo pero hay cientos de kilómetros de agua que pasaron sin dejar rastro. Y que así siga.