CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Puppi Pley

Decía Edward Olivia que «cuánto más conozco a los hombres más conozco a mi perro», y tal vez en esa frase se puede encerrar el efecto curioso que ahora parece estar de moda en algunas partes del mundo.
El ser humano no tiene límites en su extravagancia o en su dimensión visceral; yo creo que hay gente que necesita buscar lo diferente para sentirse real y eso no tienen más razón que entrar en las paranoias como medida de salvación. Las enfermedades mentales «cada vez están más de moda» y desgraciadamente la tendencia a su dimensión universal en la que la imitación puede salvaguardar su instinto desvirtuado nos parece la defensa ante la insensatez.
Es verdad que lo que dijo Anatole France «hasta que no hayas amado a un animal parte de tu alma estará dormida» nos podría reconducir a ese sector de población que tiene un deseo -a veces incontrolado- de demostrar su amor hacia los animales y sobre todo, hacia los perros. No hay duda. Es un animal fiel, leal, cariñoso y sentido; es, tal vez, el animal más amigo del ser humano. Lo que dijo Jhon Billings pueda ser correspondido por mucha de la población humana de este planeta «el perro es el único ser del mundo que te amará más de lo que se ama a sí mismo» y en ello puede estar la clave.
Ahora bien llegar al ‘Pup play’ o Puppi Pley es ya lo máximo de la extravagancia y la ridiculez. ‘Pup play’ es la tendencia dentro de la cultura BDSM (que por sus siglas significa esclavitud, disciplina, dominio, sumisión y sadomasoquismo) que ha tomado auge en San Francisco, Estados Unidos, y en la que los hombres actúan como perros mientras usan máscaras, bozales, collares, correas y hasta colas para cumplir con un buen papel. Y es que amigos, para mí esto provoca la culminación de la idiotez en ese máximo sentido.
Ser cachorro o puppy consiste en jugar con el amo o el entrenador, pero es aquél quien demanda más atención y cariño. Tanto los hombres como las mujeres participan del puppy play de una manera divertida de demostrar afecto y ternura, según algunos. Nos dicen que ternura que no siempre se culmina en gratificación sexual.
Los interesados en esta práctica de sumisión y dominio a veces gruñen, ladran, mueven sus colas, juegan con pelotas o con sus amos, pero siempre aparentando ser un cachorro fiel. Además pueden elegir su comportamiento sexual y su identidad frente a otros compañeros.
El Doctor Phillip Hammack, a quien se conoce como cachorro Turbo, uno de los fundadores de Fog City Pack explicó para Daily Mail que la comunidad de hombres que fingen ser perros ha aumentado dramáticamente en la ciudad desde alrededor de 2014.
Mencionó que muchos de los miembros portan un collar y están encerrados, lo que significa que tienen un propietario o manejador.
«El collar es realmente importante simbólicamente y eso es algo que la mayoría de nosotros tiende a usar casi todo el tiempo, al menos cuando no estamos trabajando. El collar señala nuestra identidad cachorro. Tiene nuestra etiqueta en él», dijo el hombre de 43 años.
Hammack señaló que incursionar en esta práctica en San Francisco fue fácil porque en este lugar «la gente está acostumbrada a ver diversas subculturas, a ver atuendos y looks interesantes «.
Las redes sociales realmente han ayudado mucho en términos de desestigmatizar, normalizar la diversidad sexual. Así que creo que la torcedura es parte de eso. Como dicen en los foros del modernismo: ¡Ustedes mismos, juzguen¡