TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Sin ayuda

15/10/2020

Parece que fue ayer (¡Es que fue anteayer, carajo!) cuando no había VAR y sí público. Ahora es al revés, pero todavía quedan pinceladas que nos permiten recordar cómo era el fútbol y como será, ojalá, dentro de poquito. ¿Incluimos la desaparición del videoarbitraje? Y aquí el emoji del guiño…

Conozco a un tipo, conductor excelente, que estuvo 20 años sin un solo roce en el coche, sin dar un solo parte al seguro, apenas un puñadito, asumible a lo largo de tanto tiempo, de multas por exceso de velocidad. Ese tipo compró hace cinco años un coche full equiped y al mes de estrenarlo lo rozó con saña, eso que duele tanto mientras escuchas el raaaaac, contra la columna de su plaza de garaje, la misma columna que había estado ahí durante 20 largos años. ¿Qué tiene que ver esto con el fútbol? ¡Todo! «Esto me pasa -decía- por hacerle caso al coche»: el sensor de aparcamiento del coche no detectó nada delante ni detrás, claro. Y un conductor excelente, que en un sólo mes había aprendido a fiarse del pi-pi-pi de proximidad y del dibujito en la pantalla, de repente tuvo la sensación de ser un mal conductor por primera vez en su vida. El árbitro moderno siempre estuvo ahí, tomando decisiones en décimas de segundo, conviviendo con el error pero acertando en un alto porcentaje de las ocasiones. Ahora ha llegado el VAR, un elemento maravilloso si se usa bien (como el regulador de velocidad, el automático de distancia de seguridad o el sensor de aparcamiento, claro)… que en cierta forma relaja al árbitro que antes tenía todos los sentidos en el partido y ahora, en su subconsciente, se dice «tú tranquilo, que ya te avisarán». Sin VAR, por ejemplo, Neymar interpreta dos vergonzosos piscinazos que se convierten en dos penaltis y Brasil le gana (2-4) a Perú. Y el árbitro vuelve a estar sin ayuda para corregir y amonestar al tramposo. Como ayer.