En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Inoportuno, irresponsable e indigesto

10/05/2020

Ícaro, hijo de Dédalo, era un joven intrépido y atrevido. Ayudó a su padre a construir unas alas de plumas con las que abandonar la isla de Creta tras escapar del laberinto donde habían estado encerrados. Antes de emprender el vuelo, su padre le advirtió de que no lo hiciera demasiado alto para que el calor del sol no fundiese la cera con que estaba entrelazado el plumaje, pero no le prestó atención. Arrogante, pretendió cruzar el cielo más alto que los pájaros, confiando en su temeridad para sortear los riesgos indicados. Su soberbia fue castigada y, derretidas las alas, cayó al mar.
Es habitual recurrir a la mitología para enjuiciar modales del devenir cotidiano. El revés de Ícaro suele utilizarse para advertir sobre los peligros que conlleva la ambición excesiva de quienes, sin controlar sus impulsos ni evaluar riesgos, pretenden alcanzar metas para las que no están preparados. Hace una semana, Pablo Casado paladeaba la posible derrota que podría infligir a Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados negándose a prorrogar el estado de alarma. Finalizada la sesión parlamentaria, quedó chamuscado. El presidente del Gobierno, negociando con Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria, volvió a birlarle la cartera, evidenciando, de nuevo, que la crisis del Covid-19 es vista en la calle Génova y FAES como oportunidad para tumbar, por fin, a los ‘okupas’ de La Moncloa.
Aunque cuando Casado asumió las riendas del PP se fijó como prioridad superar la división de las derechas, haciendo regresar a la ‘casa común’ popular a cuantos militantes y votantes habían desertado de sus filas en los últimos años, solo parece tener arrumacos para quienes se ampararon bajo el paraguas de Vox, desdeñando a quienes lo hicieron en posiciones más templadas y moderadas. Su radicalidad aumenta, pareciendo no comprender que, digan lo que digan los ‘hooligans’ mediáticos que le jalean, en estos momentos agitar a la vez las complejas realidades de salud pública, económicas, laborales, políticas y sociales de esta pandemia para trenzar un único ariete contra la estabilidad del gobierno es inoportuno, irresponsable y, seguramente, indigesto para una mayoría de españoles. Cuando hayamos dejado atrás los fallecimientos, no queden compatriotas en las UCI y nuestros sanitarios estén libres de riesgos, será tiempo de entrar en ello.