Nada particular

Jesús Morales


Ebrios de poder

19/05/2020

Ebrios de poder Pero Sánchez, Pablo Iglesias el innoble político con dentadura amenazadora y demás tropa heterogénea  y trolera que forma el patético Gobierno, intoxicados de una potestad  que aunque sea reglamentaria no les han dado las urnas, cegados por el veneno de la potestad universal ordenaron que nos metiéramos todos en casa como única arma de lucha contra la terrible pandemia que nos cayó de China y cuya explosión ellos, con su caprichoso  empeño en mandar a todos a las manifestaciones del Día de la mujer contribuyeron  a extender. Dicen y parece que han confirmado  varias  meteduras de pata, que una parte de la Guardia Civil se dedica a vigilar a quien critica al Gobierno y reprocha su actuación durante la epidemia, de ser así conmigo lo tienen trabajo porque nunca me he escondido, ni he disimulado mis posicionamientos;  acertados o no han quedado aquí reflejados durante muchos años. Por eso ahora escribo que si es cierto que existe algún policía  o autoridad que siguiendo  propios impulsos  u obedeciendo algún mandato superior se mete, amonesta, impide y no digamos si sanciona a alguien por llevar una bandera española a la vista, sería una monstruosidad una depravación intolerable, una  iniquidad propia de algún país sin ley ni normas,  propio de alguna república cuya única constitución  fuera el capricho de sus dictadorzuelos mamarrachos, como en la película Bananas de Woody Allen en la que a los dirigentes  se les antoja que los ciudadanos cambien de ropa interior cada media hora o algo así, en todo caso un ridículo igual de abusivo e intolerable que la borrachera de poder de la que la que han hecho gala Pablo y Pedro. Intolerable.
Fiel a mis viejas ideas desde nada menos que la adolescencia  y a todas aquellas reflexiones, no me entusiasman las banderas, pero mi pensamiento, mi autogestión son los que deciden si quiero o no llevar, lucir, amar, o respetar o lo que sea a una bandera o la contraria,  y elegir donde  lucirla si me apetece, en la correa del reloj, en la solapa, en los tirantes o en la punta de mis narices. Lo que no me da la gana y denunciaré siempre es que eso lo ordene un policía, un gobernador civil o sus santas madres, ni mucho menos un gobernante nacional por mucha cara de figurín  que tenga uno o dientes amenazantes el otro. Ni tolero tampoco que se use la pandemia para gobernar España  a fuerza de decreto sin oposición parlamentaria, atropellando a la prensa, igualándonos a Venezuela pretendiendo que nos  equiparemos al desgraciado país americano bajo las destructivas reglas del sinsentido podemita y su recua de demagogos baratos muy caros incrustados ahí para conseguir una suculenta colocación.