Me la juego

Ana Nodal de Arce


La Catedral y algo más

15/10/2020

A un querido amigo que no es de Toledo, pero que lleva tantos años aquí que podrían dedicarle una calle, le han sorprendido siempre dos características muy nuestras: que tomásemos horchata con patatas fritas y que nos siga impresionando, como si fuera la primera vez, la panorámica desde el Valle. Algo similar nos ocurre con la Catedral. Yo he visto unas cuantas, pero como la de Toledo, ninguna. Ahora, la rehabilitación de la torre, costeada por el Cabildo por cierto, ha dejado a nuestro templo primado más limpio, más espléndido, más espectacular, si cabe, que antes de esa restauración. Me ha sorprendido que algunos políticos hayan ido a inaugurar la obra. ¿El motivo? La foto, claro. Sí, Toledo es maravillosa. Por algo fue declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Lo malo es que los gobernantes se han quedado ahí y se han preocupado por menesteres como llenarla de turistas, cubrir de cemento un yacimiento arqueológico para que aparquen cientos de coches, ¿qué habrá sido del georradar, a todo esto?, o proyectar un  cuartel en nuestra Vega Baja. Eso sí les lleva tiempo y triquiñuelas.
Lo de viajar es muy bueno, lo aconsejo, con las precauciones y medidas de seguridad necesarias, porque te da una visión más amplia del mundo que la que se esconde entre los muros ancestrales de nuestra capital. Aquí no hay vida. En el Casco la pandemia parece que será eterna. Curiosamente, la nuestra debe ser la única ciudad que no cuenta en la plaza mayor, en este caso hablaríamos de Zocodover, con una zona de restauración atractiva no solo para esos turistas ahora confinados, sino para los toledanos. Los locales cerrados son un síntoma de que la capital ha entrado en coma. Más allá de algunas tímidas iniciativas del concejal de Cultura, que son de agradecer, el Ayuntamiento permanece instalado en una desidia y una autocomplacencia permanente, lo cual pasa de preocupante a peligroso.
Me pregunto, por ejemplo, en qué ha gastado el equipo de Tolón el dinero que se ha ahorrado en fiestas. La alcaldesa, convertida en adalid de la infancia, no ha abierto los parques para que los niños disfruten. La ciudad está sucia, dejada de la mano de dios, y la zona histórica parece sacada de una novela de Dickens, solo superada por nuestra luz, esa que nadie podrá apagar, porque Toledo es brillante a pesar de la falta de ideas de quienes la gobiernan.  Si nuestros antepasados nos dejaron como herencia la fastuosa Catedral, sospecho que los cuatro edificios de Santa Teresa que tapan la vista de la ciudad se convertirán en el icono del gobierno del siglo XXI. Es preciso crear espacios seguros, con iniciativas abiertas, con proyectos concretos para revitalizar el Casco tanto para vecinos como para negocios. Ya vamos con retraso. Pocas capitales nos ganan en riqueza patrimonial, pero, me temo, en tristeza, tampoco.