Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Los sucesos de Talavera (I)

Talavera, martes 2 de septiembre de 1918. Año aciago: la Gran Guerra, tormentas, lluvias a destiempo, heladas y sequía que malograron las cosechas, paro, enfermedades, hambruna y a la puerta la pandemia de gripe. Desde el amanecer grupos de obreros caminan por las calles de Talavera y por todos los caminos que unen la población con su extensa huerta, se dirigen hacia la Plaza de la Constitución, en riada, resueltos y amenazantes en su autoimpuesto silencio. 
Llevan días preparando con sigilo la huelga general y la protesta, han llegado enlaces hasta los últimos rincones para convencer a los compañeros de la necesidad imperiosa de movilizarse, de alzar la voz, la situación de las clases menesterosas es lamentable, extrema. Acuden masivamente a la convocatoria. Hoy entra en vigor la subida del precio del pan, los fabricantes de harinas y panaderos han tomado la medida a consecuencia de un nuevo impuesto estatal sobre el trigo. 
Abarrotan ya la plaza pública y la contigua plaza del mercado. No se oye ni un murmullo. En cuanto abren las puertas de las tahonas empieza el motín. Es la señal. Un griterío ensordecedor se levanta al unísono con las consignas establecidas, los brazos en alto con los puños apretados al ritmo de las voces. Los comerciantes, atemorizados, viendo la magnitud de la protesta cierran todas las tiendas de inmediato. No se produce ni un solo asalto ni acto violento. Desde allí van recorriendo en masa todas las calles de Talavera pidiendo a gritos la rebaja de los precios de los artículos de primera necesidad. El vecindario, atemorizado, se encierra en sus casas. Los manifestantes toman la ciudad. Son poco más de las ocho y media de la mañana.
El alcalde, Francisco Carrasco, viendo la proporción y gravedad del suceso, convoca de inmediato al gobierno municipal y a las autoridades civiles y militares. Tras largas deliberaciones, el alcalde, que trata por todos los medios de evitar choques violentos con los huelguistas, llama a la Junta local de Subsistencia, a los fabricantes de harinas y a los panaderos. La reunión empieza a las cuatro de la tarde. Enterados los obreros, se congregan de nuevo en la plaza del ayuntamiento a esperar las resoluciones. No cabe un alfiler. Silencio tenso. A las siete de la tarde los ánimos de los manifestantes se caldean, a duras penas obedecen la orden de los líderes de mantener la calma.