En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


No votar no arregla las cosas

El domingo tenemos oportunidad de contribuir a desbloquear la inestabilidad política arrastrada desde hace tiempo. Para ello, aunque cueste, debemos votar. Según el barómetro del CIS hecho público esta semana, pensamos hacerlo el 67,3% de los ciudadanos. Un porcentaje que, de materializarse, representaría casi diez puntos menos que la participación registrada en las elecciones del pasado mes de abril.
Aunque la estimación de voto es el capítulo más destacado de los estudios demoscópicos del CIS, sus tripas ayudan a que los analistas de los partidos afinen estrategias para captar a los indecisos. Ahí puede encontrarse oro molido. En los momentos en que se recogieron los datos de este último sondeo, finales de septiembre y primera quincena de octubre, uno de cada tres electores aún no había decidido a qué siglas dar su respaldo. De entre quienes afirman que no votarán, una mayoría dice estar hartos de la política, no compartir la repetición electoral o no convencerles ningún partido.
Lo he escrito en más de una ocasión y lo repito ahora. Nuestro voto es una herramienta poderosa. Hacer dejación de ese derecho no contribuye a mejorar las cosas, sino que cercena nuestra condición de ciudadanos responsables, delegando en terceras personas la capacidad de decidir. Un voto no emitido no computa como castigo a ninguna opción, sino que con ello la democracia participativa se debilita.
El paro, la situación política y económica, la corrupción y el fraude, la sanidad, la crisis catalana, la inmigración, la educación o las pensiones son los problemas que más preocupan a los ciudadanos. Afrontarlos, querámoslo o no, pasa por la adopción de decisiones políticas y la búsqueda de consensos en el Parlamento y en la calle. Cuando a un 60% de los encuestados por el CIS la política les interesa poco o nada, sostener semejante afirmación cuesta, pero teniendo en cuenta que casi el 80% de los ciudadanos considera la situación política española como mala o muy mala, votar el próximo domingo es fundamental para intentar reencontrar el camino que pueda conducirnos a la salida del laberinto en que andamos enredados. Como hemos visto, desde el entorno de la derecha pretenden arrastrarnos, en beneficio propio, al bando de la abstención o la desmovilización. Es hora de resistirse a estos cantos de sirena e ir votar.