El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


El agua de la Virgen

Un año más, al igual que tantas poblaciones españolas en estos días, Toledo se dispone a celebrar sus ferias y fiestas, en torno a la advocación secular de la Virgen del Sagrario, venerada en la Catedral Primada, coincidiendo con el día de la Ascensión de María. Unas fiestas que, quizá por las fechas, en medio de los calores de agosto, no terminan de alcanzar el relieve que deberían, pero que, en cualquier caso, suponen para nuestra ciudad unos días de alegría, diversión, reencuentro y devoción.

Ésta, verdadero núcleo del cual ha partido históricamente el desarrollo de la fiesta, está vinculada a la hermosa imagen románica de Nuestra Señora del Sagrario, que habitualmente se venera en la capilla del mismo nombre, erigida por el cardenal Sandoval y Rojas a principios del siglo XVII para albergar su propio sepulcro y el de sus familiares. La imagen se yergue en medio de la maravillosa obra de orfebrería que es el trono elaborado por Virgilio Fanelli en 1674, realmente espléndido tras su reciente restauración. La talla, aunque sé que esto es discutido y discutible, reluce en toda su belleza al no verse ocultada por los mantos que, sin embargo, vuelven a recubrirla para la celebración de su fiesta y que, aún a pesar de la pérdida, tras el robo de 1936, del llamado “de las ochenta mil perlas”, son magníficas piezas de arte textil. En estos días, además, en lugar de la replica de la corona de Sancho IV que luce en su capilla, aparece con la que se utilizó en la coronación canónica de 1926.

La veneración a la imagen de la Virgen proviene de la Edad Media, teniendo desde el principio un profundo arraigo popular, así como una extensión fuera de nuestra ciudad que alcanzaba a lugares como Illescas o Ajofrín, siendo esta villa señorío donado al patrimonio de Santa María,  administrado por el cabildo, que erigió en 1624 la fuente que aún se puede ver en la plaza.

Alfonso X compuso en honor de la Virgen toledana algunas de sus cantigas y poetas como Lope, Calderón, Tirso o Elisio de Medinilla le dedicaron versos. Los reyes de la Casa de Austria fueron también grandes devotos de nuestra patrona, haciendo donaciones que enriquecieron el patrimonio artístico catedralicio.

Pero quizá una de las cosas más peculiares de este día es la tradición de beber el agua del pozo de la Virgen en los botijos que se ofrecen en el claustro. Una tradición típicamente toledana que llama la atención de visitantes y turistas, y que pone en juego la pericia de los bebedores, pues beber en botijo es todo un arte, que al menos el que esto escribe nunca ha sido capaz de dominar, aunque como contrapartida, el remojón de la camisa supone un alivio al calor africano que nos azota. Disfruten de la fiesta. Les deseo un feliz día de la Virgen del Sagrario.