Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¿Oportunidad?, ¿precipicio?

No estoy seguro de si hemos tropezado ya suficientes veces. Me gustaría que fuera así. Es que desde que terminó la legislatura que comenzó con la mayoría absoluta de Rajoy en 2011, o sea, desde 2015 no tenemos un gobierno operativo de verdad.
Desde las elecciones de 2015 los españoles no hemos tenido la altura de miras suficiente para propiciar un gobernó operativo. La altura de miras  debería haber llevado a que el PSOE hubiera permitido gobernar a quien ganó las elecciones, que fue el PP, pero pedir al PSOE que se mantuviera en la oposición sosteniendo al mismo tiempo al gobierno es pedir demasiado a un partido cuya única filosofía, cuyo único fin, cuya única ideología y cuya única moral es conseguir el poder y hacerlo cuanto antes, como sea, con quién sea y para lo que sea.  No estuvo a la altura y siguiendo las características de su encaste se coaligó con independentistas, ex terroristas y demás ‘eminencias’ del  Parlamento y asaltó el poder. Sin embargo, como era un gobierno a la contra, o sea, el factor común de los coaligados era un enemigo común, no tenía nada que les uniera salvo el deseo de echar a Rajoy y no gobernaron.
Las elecciones de 2019 dieron un resultado que en cualquier país hubiera posibilitado un gobierno más que estable. Entre PSOE y Ciudadanos obtuvieron una mayoría más que absoluta. Curiosamente en las últimas elecciones que ganó Rajoy sin mayoría PSOE y Ciudadanos, que no juntaban mayoría absoluta, fueron  capaces de hacer un programa común pretendiendo gobernar si el PP se abstenía. Sin embargo en las últimas elecciones de 2019, cuando entre los dos tienen mayoría absoluta, no son capaces ni de sentarse a la mesa, al menos a la luz del sol.
Me imagino que los electores tomarán nota y les agradecerán en las urnas el hecho de que, habiendo podido dar a España un gobierno estable no lo hicieran. Cegados, Sánchez, cegado por su ego que lo hace creerse inmune  a los deberes de Estado y pensando que con otras elecciones tendría mejores resultados; Rivera, creyendo que podía convertir un partido bisagra en partido de gobierno.
Ahora se abrirá, si no hay sorpresa mayúscula, una disyuntiva: que el PP apoye un gobierno del PSOE o que el PSOE vuelva a las andadas y se coaligue con lo mejor de cada casa, es decir, con los esquilmadores del PNV, los independentistas de Ezquerra, con los huidos de Puigdemont y con los comunistas de Iglesias y su pareja. Esta última fórmula sería catastrófica para la economía, la educación, la estructura de España, para los pobres, para los ricos y para ‘los cañistas del Tajo’. La fórmula de que sea el PP quién sostenga un gobierno socialista es la oportunidad para tener una legislatura estable y positiva.
A mi juicio el PP sí tiene la altura de miras, sentido de Estado y capacidad, para asumir sacrificios en pro del bienestar común que les ha faltado, tanto al PSOE como a Ciudadanos. Por otra parte a los gobiernos de izquierda se les permite cualquier cosa. La derecha no es propensa a movilizaciones y la izquierda las modera si los suyos están en el Olimpo. Seguramente en los tiempos que vienen necesiten sacrificio y acuerdo y sea la oportunidad para embridar asuntos que esperan desde hace años.