NUEVO SURCO

Javier López


Aquello de la nueva política

07/04/2021

Llegaron hace no mucho más de cinco años con la varita mágica de la regeneración, y se van ya con la carga incontestable de la decepción. Una de las  acciones más lamentables de las que se pueden hacer a lo largo de una trayectoria es levantar una expectativa positiva y no ser capaz de cumplirla ni siquiera mínimamente, es más, traicionarla. Así ha sido la llamada nueva política. Por partes:
Llegaron los de Podemos, empujados por el fuelle sincero del 15-M, y convirtieron una indignación lógica y transversal ante la precarización evidente de las condiciones de vida tras la brutal crisis con la que comenzó la segunda década del siglo XXI, en un producto político de laboratorio, nutrido en las experiencias fracasadas del socialismo latinoamericano del siglo XXI, con el chavismo como punta de lanza. Por más que lo nieguen, de los despachos bolivarianos venían los principales mentores de Podemos. Experiencia fracasada que en España quedó convertida en el juguete político de un Pablo Iglesias, que a falta de un carisma de gran envergadura, como tuvieron los grandes líderes populistas, ha intentado suplir estas carencias con sus astucias y sus giros discursivos, siempre al servicio de mantenerse de alguna forma en las instancias y las estancias del poder. Mientras tanto, la precariedad ha seguido creciendo, los derechos sociales han sido mermados sin ninguna duda en la última década, mientras que lo que ha aumentado de forma evidente ha sido el posicionamiento y hasta el patrimonio del líder de la formación morada.  Podemos, que podía haber sido un rejuvenecimiento de las propuestas más sociales y obreristas, terminó convertido en la tapadera para el encumbramiento de un líder. Íñigo Errejón, que tenía una idea mucho más transversal y precisa de lo que debería ser una formación de ese tipo, desterrado por  un líder supremo que a día de hoy sigue rodeado de su séquito, ahora como candidato a la presidencia de la CAM, último bote salvavidas de un superviviente nato.
Llegaron también los de Ciudadanos, y lo hicieron con el aval de ser un proyecto nacido en Cataluña con vocación de reivindicar la españolidad de esta comunidad autónoma y con la intención, más tarde, de extender al resto del país un discurso de regeneración política. Se llevaron por delante la UPyD de Rosa Díez. La idea era en principio imbatible: proyecto de regeneración ideado en Cataluña convertido, en un segundo escalón, en propuesta para todo el país. Pero todo se fue tornando en decepción en la medida en que la  pretendida grandeza de los propósitos iniciales  se fue diluyendo en la partida de ajedrez a la que Albert Rivera se entregó, considerando que su juego era intentar ser el gallo prominente del lado derecho del tablero. El cortoplacismo dejó olvidados las intenciones iniciales de regenerar a fondo la democracia nacida en 1978 desde un posicionamiento inteligente y digno, mirando  con limpieza a los dos lados y poniendo sentido común en una ciudadanía demasiado dada a los apasionamientos irracionales.  Pudieron más las ansias de poder del líder y el partido naranja quedó convertido en una suerte de pasarela de modelos, a veces tan cargada de brillantina como insustancial en sus contenidos.
Luego llegó Vox, que desde el inicio tenía dos opciones: ser un movimiento populista al estilo del lepenismo francés, capaz de pescar votos incluso en votantes desencantados de la izquierda radical, o ser el ala ultraconservadora del partido de referencia en el espacio del centro-derecha, y no hay muchas dudas, a estas alturas, de la opción elegida. Solamente queda por ver la dimensión real en votos de esta propuesta.
La nueva política, así retratada, queda convertida en un gran naufragio, al menos en su pretensión de convertirse en una alternativa al bipartidismo. Porque a día de hoy los dos grandes de la política española parecen  haber salido de su momento más crítico como las únicas opciones en torno a las que pivotar una alternativa de gobierno con los nuevos partidos jugando el papel inequívoco de muleta o auxilio a la espera de ser de absorbidos de una u otra forma. La nueva política se nos aparece así como un gran espejismo que nos ha traído como resultado final más fragmentación, menos certidumbres y más polarización pero muy lejos de aquellos propósitos iniciales con los que nos prometieron el oro y el moro, contribuyendo al rejuvenecimiento de una democracia realmente plena.