La espada de madera

Bienvenido Maquedano


Nueva normalidad

19/05/2020

Puede que alguien conserve la costumbre de cocinar a fuego lento, jugar al parchís, conversar sin prisa, leer libros gordos en una butaca o hacer puzles con la familia, pero la mayoría vivirá con alivio el abandono de todo ese regreso imprevisto al pasado analógico. Las cosas van a cambiar, dice todo el mundo. No tanto, creo yo. Habrá un repunte del teletrabajo porque los empleadores y los empleados han descubierto sus ventajas. Se avanzará en la implantación de la fibra óptica, y en asuntos como la flexibilización de los horarios y la evaluación del desempeño laboral por objetivos en lugar de por horas acumuladas en la oficina. Puede que por fin se consiga tener una administración pública digital, aunque no sé, no sé. La cultura, como siempre, será la primera que pague los platos rotos (noticia uno: ya lo era). Le seguirá una aplaudida merma salarial de los funcionarios (malvados por no perder su empleo) que sustituirá a los otros aplausos, esos pasados de moda de las ocho de la tarde (noticia dos: los sanitarios suelen ser funcionarios). Cuando la cosa se amanse, gracias a la vacuna que todos nos tendremos que inocular, volverán los recortes en sanidad. Durante mucho tiempo se mantendrá subvencionado el tejido empresarial, así que no habrá dinero para investigación ni zarandajas.
Los protocolos medioambientales saltarán por los aires con la excusa de que no hay que poner trabas a la recuperación económica = más facilidad para otorgar licencias a las industrias y a las constructoras = más contaminación. Se pondrán más bicis y patines de alquiler en las ciudades, pero el transporte público (generador de contagios) cederá terreno en favor del uso del coche. Todos esos bichos salvajes, que habían creído que nos habíamos largado, tendrán que regresar a sus escondrijos a esperar la extinción (la suya o la nuestra, parece que no hay término medio). El consumo reprimido durante la cuarentena dará paso a un gasto desbocado, saludado como patriótico y salvador del comercio. El libro de papel necesitará respiración artificial para mantener el coma; el teatro no digamos; los cines lo tendrán complicado con todos enganchados a las plataformas digitales; la prensa de papel desaparecerá en breve (noticia tres: se acabó leer el periódico digital gratis). Los viajes en avión serán más caros y engorrosos (como si ya no lo fueran): además de desnudarnos y cachearnos nos tomarán la temperatura.
Recuperaremos la papilla de noticiario que hemos aparcado dos meses y olvidaremos al doctor Simón. Seguiremos maltratando al planeta hasta el próximo virus, que no creo que tarde demasiado. Y como si fuera un castigo ideado por dioses olímpicos, volveremos al círculo vicioso de las elecciones trimestrales hasta que sume la derecha, y la política será una tragicomedia de poses intensas, banderas a media asta, crespones negros y monumentos a los muertos.