El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Esplendores renacentistas

26/08/2020

Siempre ha existido la corrupción en política. Aunque hoy estemos especialmente sensibilizados frente a ella, ha sido constante a lo largo de la historia de la humanidad la existencia personajes que han aprovechado su poder para enriquecerse, acumular cargos o crear redes clientelares. Aunque, a diferencia de los de ahora, su corrupción o malas prácticas tenían una vertiente de mecenazgo artístico que ha hecho que pasen a la Historia como promotores de obras que forman parte de nuestro patrimonio. Don Álvaro de Luna fue uno de ellos. Otro, Francisco de los Cobos.
Gracias a éste tenemos hoy uno de los conjuntos renacentistas más espectaculares de España. Me refiero a Úbeda. Estos días, en medio de la tremenda incertidumbre que nos rodea a los docentes ante el comienzo de un curso sobre el que todo es duda e interrogante, fruto de la dejación e ineficiencia de unos ministerios que si no tienen competencias lo mejor que podría hacerse con ellos es suprimirlos, he descubierto esta joya del arte que conocía por lecturas y que ha supuesto una verdadera sorpresa.
Francisco de los Cobos fue uno de los personajes más poderosos en la España de principios del siglo XVI. Logró sobrevivir a la ‘limpieza’ de la administración que realizó el cardenal Cisneros y escaló puestos hasta llegar a ser hombre de confianza del emperador Carlos y secretario del Consejo de Estado. Desde esta posición privilegiada acumuló títulos y riquezas, tanto en Castilla como en América. Hombre poderoso, sin embargo, y conforme a lo que era habitual en su época, invirtió su patrimonio en obras suntuosas, que manifestaran dicho poder y le aseguraran una pervivencia en el recuerdo de las gentes, además del fin piadoso de asegurarse, mediante oraciones y misas, la salvación en el más allá. De ahí la construcción de la espléndida Sacra Capilla del Salvador de Úbeda, concebida como su panteón, auténtico museo de arte renacentista, a pesar de los daños que sufrió en 1936, cuando ‘se quemó’ (como tantas iglesias en ese verano), en el que la magnífica arquitectura de Andrés de Vandelvira sirve de marco para el grandioso retablo de Alonso de Berruguete o el Sanjuanito atribuido a Miguel Ángel, que tras una extraordinaria restauración recuperó el esplendor que le quitaron los milicianos. Francisco de Villalpando dejó otra muestra excepcional de su arte, que podemos contemplar también en la catedral primada, en la verja que separa la rotonda, plena de significado funerario, de la nave.
Pero no es sólo la Sacra Capilla. En torno a la misma se fue configurando un maravilloso conjunto de arquitectura que, junto al cercano de Baeza, forman parte ya del Patrimonio de la Humanidad. Un conjunto único que vale la pena visitar.
Los políticos del siglo XVI, aunque fueran corruptos, se preocupaban del enriquecer el patrimonio artístico. Nuestra clase política de principios del XXI, horteras nuevos ricos, se conforman con salir en la prensa rosa. Nivelazo.