Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Phil Hogan se remanga

Lo peor a veces de cualquier impás postelectoral es el tiempo que discurre entre ese final y el principio hasta que se reactiva la maquinaria política y recupera el nuevo Gobierno la plenitud de las capacidades de gestión, más allá de los procedimientos administrativos rudimentarios. Porque en ese ralentí pasan cosas, muchas cosas, y se necesita oportunidad para adoptar decisiones, alcanzar acuerdos y una interlocución clara y definitiva para la búsqueda de salidas a problemas anteriores o sobrevenidos.

 Si lo piensan, la legislatura se interrumpió en Europa a finales de marzo del año pasado con la disolución del Parlamento en abril, hasta la celebración de las elecciones a finales de mayo. Desde entonces, seis meses de transición de una Comisión Europea saliente que cedió el testigo con más retraso del previsto -finalmente el 1 de diciembre- mientras viejos asuntos como el marco financiero plurianual para reformar la PAC quedaba en el aire, el Brexit precipitaba un adelanto electoral en Reino Unido y la ultimísima prórroga tal y como Boris Jhonson ha sellado por ley.

 En ese tiempo trascendió el acuerdo final con Mercosur, que tiene que ratificar todavía la nueva Eurocámara, o el de protección de algunas de nuestras Denominaciones de Origen en China que el mismo Hogan firmó con su Presidente. Pero en ese tiempo, perdieron mucha velocidad algunas negociaciones impulsadas en España por dos sectores con problemas de comercialización como el vino y el aceite, para reclamar mecanismos de autorregulación que parecían próximos por ser jurídicamente viables desde el punto de vista de la libre competencia. Y todo a pesar de la intervención pública para almacenar el devaluado oro líquido que autorizó después Bruselas tras la presión de los propios olivareros españoles en Madrid, ante un Ministerio de Agricultura en funciones y a un mes de las segundas nuevas elecciones generales del año.

 También en ese tiempo, Donald Trump rompió con Europa por la disputa de las subvenciones aeronáuticas entre Boeing y Airbus, elevando de repente y de manera muy selectiva en algunos países un 25 por ciento los aranceles de productos sensibles de la agroalimentación quizás por aquello del divide y vencerás.

 Y en ese punto estamos.

 Pero el hasta ahora Comisario de Agricultura, Phil Hogan, (que probablemente ha mantenido mayor presencia y actividad en dicho período transitorio) parece dispuesto a recuperar el tiempo perdido, o si no fue perdido, a ganarlo mejor con la nueva cartera de Comercio que acaba de estrenar. Y lo hace con un viaje crucial para el futuro de las relaciones con los Estados Unidos coincidiendo con la posibilidad de que el departamento de Comercio norteamericano decida a partir del 13 de enero si mantiene los aranceles o amplía la lista a más productos y a más países europeos como ha insinuado. Hogan opta por remangarse para neutralizar los cabreos en un encuentro cerrado finalmente para el día 15 de enero y en un contexto favorable de distensión con los chinos.

 De lo que ocurra, están muy pendientes las almazaras, cooperativas y exportadores de nuestro país que no descartan volver a la calle si se perpetúa el conflicto, a la vista del fracasado mecanismo de almacenamiento al que seguirán presentando ofertas sin embargo, por ver si entre la tercera subasta -que arranca el 22 de enero- y la cuarta de febrero, pueden retirar 200.000 toneladas como acordaron todas las cooperativas españolas el viernes en Jaén.

 La siguiente fecha clave para Hogan será el 1 de febrero. Ese día el Reino Unido será técnicamente un país tercero. Y entonces arrancará otra dura negociación de solo 11 meses, para diseñar el mejor acuerdo comercial que evite el caos con este socio pródigo.



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