Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¿Suplirá el coronavirus a la dignidad?

28/02/2020

Lo que nos está haciendo ver y vivir este amoral gobierno que entre todos hemos colocado al frente de los destinos de España es muy difícil de calificar. Cualquier adjetivo se queda pequeño, sobre todo porque, cuando la mugre moral nos embadurna, es imposible apreciar su grosor. Porque la visión necesita de contraste para que se distingan los distintos elementos, lo mismo que la velocidad. Si no tenemos una referencia espacial creeremos que estamos parados, aunque viajemos a mil por hora.
Pasa lo mismo con la indignidad. La pastueña y gregaria quietud que mostramos ante ella impide que se vea con nitidez su tamaño. Parece mentira que un audaz y amoral ególatra sea capaz de someter a toda una sociedad, una sociedad que saca pecho presumiendo progresista y conocedora de sus derechos. Realmente somos una sociedad de zampabollos hedonistas a los que no nos mueve más que el bienestar material. Desgraciadamente, como desde el inicio de la humanidad, se nos puede conducir, más bien pastorear con solo  pan y circo, aunque ahora al circo se le llame fútbol o ‘reality’.
Pero quizá esa cobardía, exacerbada por la comodidad, sea la semilla que nos haga revelarnos contra el ‘villano’. No por dignidad, sino por miedo. Explicaré esta idea: la cobardía que produce el exceso de bienestar está haciendo, lo estamos viendo, que exageremos la reacción ante cualquier peligro por nimio que sea. El coronavirus, que aunque muy contagioso no es la peste medieval, está produciendo unos movimientos sociales exagerados que van a poner en brete la ya titubeante economía. Y será ese traspiés económico el que consiga lo que la dignidad ni siquiera intenta.
Cuando veo esos espectáculos de personas, perfectamente sanas, recorriendo las farmacias como posesos, en busca de una simple mascarilla, me viene a la memoria una anécdota que viví hace años viajando en un autobús. Era verano y llevaba la mitad de las plazas vacías, lo que permitió que todos termináramos en el lateral de la sombra. El conductor tuvo que parar y pedir por favor que equilibráramos el peso porque corríamos el riesgo de volcar en cualquier curva. Ahora, cuando veo estas irracionales reacciones en masa me acuerdo de esa anécdota, con la particularidad de que en la sociedad no hay ningún ‘conductor’ con autoridad necesaria para hacernos equilibrar estas reacciones. Al contrario, la teatral forma de dar la información produce que la aglomeración crezca.
Pues quizá sean estas reacciones, que provocan el miedo al coronavirus las que, al dañar la economía y poner en peligro nuestro ‘bollicao’, consigan que expulsemos del gobierno a esta ‘coalición de rufianes’ que nunca debieron pisar la alfombra de nuestras instituciones.
Porque esta coalición es mucho más dañina que el coronavirus. Esta nueva gripe, más antes que después, se controlará. Sin embargo la miseria moral, el descrédito, el oprobio, la humillación y el resentimiento que esta camarilla está sembrando quizá tenga peores consecuencias y tarde mucho más en borrarse sus efectos que el propio ‘covid19’.
De todas formas parece que hay un incipiente movimiento que quiere hacer algo. Se llama ‘UNIÓN 78’ y su nombre no puede estar mejor cogido. Sin embargo, verán ustedes como la propaganda oficial lo tilda de anticuado, cuando esta Constitución es la que más paz, tranquilidad y bienestar ha proporcionado a los españoles. Quizá deberían llamarse 78-2500…