Me la juego

Ana Nodal de Arce


Que les vaya bonito

10/09/2020

Pensaba escribir esta semana sobre la hermosa iniciativa de la Noche del Patrimonio, que nos sumerge en lo mejor que tenemos. O elucubrar acerca de los resultados del famoso georradar en el aparcamiento de Santa Teresa. O, tal vez, hacer referencia a la decadencia de Toledo. O volver a reivindicar una Vega Baja libre de ladrillos y un Tajo limpio y caudaloso. Insistir hasta lograr el objetivo. No bajar los brazos, porque en esta lucha estamos implicados un grupo cada vez más numeroso, que jamás se rendirá.
No quería hablar del coronavirus. Pero la realidad es tozuda. Se impone y te arrolla. La consejería de Sanidad ha extendido a toda la provincia las restricciones que ya impuso hace quince días en Toledo. Es hora de que alguien asuma responsabilidades ante su tremenda ineficacia, con fallos que han costado vidas. Sin ir más lejos, los últimos datos conocidos en la residencia Social San José de la Diputación, con, al menos 65 contagiados, muestran una gestión nefasta. Este centro llegó a padecer setenta muertes ligadas al coronavirus, sin que nadie diera la cara más que para llamar miserable a quien había pedido una investigación por esa tragedia, que ha causado un dolor indescriptible a los familiares. Meses después, el drama se repite y desde la Diputación dan cifras, sin hacer la más mínima autocrítica. ¿Qué tiene que decir Page ante lo que está ocurriendo en ésta y otras residencias de Castilla-La Mancha? Nada, mejor hacer declaraciones estrafalarias sobre Madrid. O confinar a los ancianos y discapacitados. Y no pasa nada. O sí.
El presidente de la Junta perdió el rumbo en marzo y ha derrapado en septiembre. No es de recibo que la norma para frenar la masacre de las residencias, siguiendo a otros infames gobiernos autonómicos, sea castigar a las personas más vulnerables. Deben vivir, tienen los mismos derechos y menos tiempo para disfrutarlos. De hecho, ahora solo aguardan lo peor, sumidos en una profunda tristeza. El Gobierno los encierra, terrible, pero no se ocupa de protegerlos porque no realiza a los trabajadores los test antes de reincorporarse a los centros, incumpliendo sus propios protocolos. Y el gobierno tiene un claro deber: garantizar la seguridad de los residentes y, al mismo tiempo, velar por su salud emocional. Para un mayor, para un discapacitado, no hay mejor terapia que la mirada de sus seres queridos. Todo lo demás es de una crueldad intolerable.
Cuando escribo estas líneas es tendencia en Twitter pedir la dimisión de Sánchez. Yo no solicito dimisiones, exijo soluciones. De Sánchez, de Page y de todos los presidentes que han llevado al Estado de las Autonomías a un caos mortal. Señores, no tienen excusas. Piensen, tomen decisiones y, si no, que les vaya bonito, porque su fracaso en salud, en economía y en cohesión social es demoledor. Y nos han quitado la ilusión, que es lo más grave. Eso debería conllevar la inhabilitación eterna.