En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Ignorancia, error y lluvia

10/09/2020

En 1811, Álvaro Flórez Estrada, uno de aquellos liberales empeñados en la regeneración española frente al absolutismo borbónico, remitió a la Junta Suprema Gubernativa del Reino sus reflexiones sobre la libertad de imprenta. Sostenía que todos los males de la sociedad provenían de la ignorancia y del error, considerando que para corregirlos era necesario mejorar la instrucción nacional, preguntándose «¿cómo podrán los hombres recibir la educación permanente en un país en donde no les es permitido oír, ni decir, leer, ni escribir lo que se siente?». «La libertad de imprenta –afirmaba- es el único medio de que podemos valernos para arrancar de una vez males tan inveterados y tan insoportables».
La libertad de expresión, equivalente de aquello por lo que abogaba este ilustrado, es uno de los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Su logro y consolidación (los españoles nacidos durante la Dictadura lo sabemos bien) cuesta aún sangre, sudor y lágrimas, cuando no cárcel o muerte, en muchos lugares del mundo. Aunque todos estamos obligados a preservarla, velando para que no sea forzada, los profesionales de la información debemos poner empeño extra en ello.
Nuestro oficio consiste en buscar la verdad y comunicarla a los ciudadanos, para que sus juicios y opiniones puedan cimentarse sobre certezas, no en mentiras ni tergiversaciones. He sentido estupor, por ello, al conocer que la Fiscalía de la Audiencia Nacional ha archivado una querella presentada por el grupo parlamentario de Unidas Podemos relacionada con la manipulación de contenidos y difusión de falsedades en las redes sociales contra el Gobierno durante el confinamiento, considerando esos bulos y ‘fake news’ amparados en el ejercicio de la libertad de expresión.
Cuando alguien dice que llueve y otro replica que no, nuestro trabajo no debería ser dar voz a ambos, considerando que así somos más imparciales y objetivos, sino que tendríamos que abrir la ventana, ver si cae agua, contarlo y dejar en evidencia a quienes mienten. En esta encabronada sociedad que vivimos, si no queremos que el error y la ignorancia la bastardeen un poco más, se precisan periodistas en las redacciones y en la calle contándonos la verdad de cuanto pasa, no contribuyendo a aumentar la confusión colectiva  con acalorados y viscerales runrunes.