Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Serenidad, responsabilidad y colaboración

14/03/2020

Claro que estamos en tiempos complicados y quizá todavía nos queden por ver episodios peores. En estos momentos procede que nos olvidemos de reproches y críticas fáciles, todos lo hubiéramos hecho mejor, como siempre decimos, pero eso debemos dejarlo para otro momento.
Está claro que no han sido constructivos para nada ni la irresponsabilidad de concentrar cien mil personas en Madrid en la manifestación feminista, ni haber celebrado el mitin de VOX, ni seguramente muchas imprevisiones que ha habido y que seguirá habiendo. Tampoco ha sido de recibo el espectáculo de las colas en los supermercados. Las estanterías vacías y los carros ‘a timbote’ dan una imagen de país cutre, subdesarrollado, egoísta y cobarde. También eso hemos de olvidarlo por el momento.
No es, por tanto, momento de críticas, ni egoísmos ni conductas insolidarias. Es la hora de la serenidad, la generosidad y la colaboración. Porque, además, la mentalidad del ‘sálvese quien pueda’  no va a ayudar a superar la pandemia. Vivimos en sociedad y lo superaremos juntos o sucumbiremos individualmente.
¿Qué colaboración podemos prestar las personas de a pie? Dicen que el primer acto de ayuda es no estorbar, por lo tanto la primera tarea será no saturar los servicios públicos salvo en caso de verdadera necesidad. Eso, creo yo, ya sería una aportación importante en momentos en que, sobre todo el sistema sanitario tiene que soportar un esfuerzo que quizá no haya conocido nadie de los profesionales que actualmente lo presta.
Por supuesto, seguir a rajatabla las instrucciones que emanen de quienes tienen la responsabilidad de dirigirnos. Ya sé que habrá cosas que no comprendamos, otras con las que no estemos de acuerdo, incluso algunas que estén equivocadas, pero, créanme, lo peor que nos puede ocurrir es caer en el desorden. Quienes dirigen se pueden equivocar, seguro que lo harán, pero los errores siempre serán menos que los aciertos, porque ellos disponen de una información privilegiada de la que la mayoría no disponemos y, por tanto, sería una temeridad «confiar en curandero habiendo médicos». Por tanto, asumamos un poquito de espíritu militar, que buena falta nos hace, y cumplamos las recomendaciones que los órganos competentes nos hagan. ¡Ah! Sigan las fuentes oficiales de información, ni la lengua de lagartija ni la baba de murciélago previenen la infección por mucho que lo veamos en las redes.
Sí es momento de pedir, incluso de exigir, a quienes son responsables de sacarnos de este atolladero que no se dejen llevar por otra cosa que no sea la consecución del objetivo, que no es otro que vencer la epidemia. Es momento de exigir que no les doble el brazo la conveniencia política ni el temor a la impopularidad de algunas decisiones que deban adoptar ni nada que no sea el estricto cumplimiento de su obligación. La cortedad de miras siempre se acaba pagando, porque cuando no se hace lo que se debe el resultado no puede ser brillante.
Por supuesto, cada uno, ayudándose a sí mismo ayudará al conjunto. Seguir las recomendaciones para evitar el contagio no solo tendrá efecto  en nosotros, sino que evitará la extensión a otros que, necesariamente, contagiaremos. Por tanto, no se trata de ser valientes y no temer el contagio, sino de ayudar a su extinción con nuestra conducta. Evitemos la histeria y la temeridad. Toca disciplina, responsabilidad y colaboración.