Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Como elefante en cacharrería

De un portazo, Donald Trump ha abierto -de par en par- la puerta a otra guerra comercial para entrar ahora, como elefante en cacharrería, en la gran despensa agroalimentaria de Europa. Casi por sorpresa, y agarrándose a la resolución de la OMC (Organización Mundial de Comercio) sobre un viejo conflicto de intereses por las subvenciones aeronáuticas a AirBus, se topa con el momento perfecto para poner a prueba la capacidad política de la Unión, con una Comisión Europea saliente, un colegio de Comisarios propuestos pero no ratificado, y otras instituciones al ralentí para arrancar de nuevo tras las elecciones al Parlamento.
Así las cosas, y sin tiempo que perder, en menos de quince días, el Gobierno de Europa tiene que dar una respuesta solvente para neutralizar el propósito de subida de aranceles de un 25% para una amplia lista de productos sensibles y estratégicos de nuestra economía como el vino, el aceite de oliva, los lácteos, quesos y otros productos cárnicos que repercutirían sobre una facturación estimada de 1.000 millones de euros.
Por si fuera poco, Trump -que ya está en campaña electoral reactivando la hiperbólica y tuitera política de gestos hacia el voto conservador norteamericano que le llevó hasta la Casa Blanca al grito de “America First”- aplica otro clásico imperialista para dividir y vencer, “divide et impera”, seleccionando sólo alguna de las 28 piezas del puzzle que conforman la vieja Europa en un momento interno delicado la salida de Reino Unido y su infinito Brexit que ha supuesto otro cobarde zarpazo en la piel de la nueva Unión.
 Mañana lunes, el Ministerio de Agricultura -también en funciones y en precampaña electoral- intentará cerrar filas con las comunidades autónomas, y el martes con las organizaciones agrarias, las cooperativas y otras asociaciones de los segmentos más perjudicados, con el propósito de exigir ante la Comisión -el próximo 14  de octubre, en el primer consejo de Ministros- una respuesta unitaria y sin fisuras que evite la ruptura del principio más sagrado del mercado común, germen del proyecto comunitario que enraizó a los pies de una PAC, única política agraria que une a todas las agriculturas y ganaderías del Continente. Menudo estreno para el nuevo Comisario, el polaco  Janusz Wojciechowski (mañana también se votará su nombramiento en la Eurocámara) y para el irlandés Phil Hogan que asume ahora Comercio.
Sin embargo, con todos los elementos expuestos, es difícil que en apenas dos semanas pueda lograrse una solución satisfactoria porque el empeño de escenificar la guerra comercial -como viene ocurriendo con China- tiene probablemente más de estrategia que necesidad. El día 14, delegaciones de ambos países lo intentarán arreglar en Ginebra, aunque algunas de las grandes empresas exportadoras de vino y aceite dicen ya haber hecho las Navidades y atravesado las rebajas de enero.
El caso más similar lo tenemos -hace ahora un año- con los aranceles a las aceitunas negras donde, después de un sin fin de encuentros y negociaciones, recibieron el mazazo arancelario diseñado por el lobby californiano para fortalecer la posición interna de sus transformadores. La OMC todavía tiene pendiente una solución como seguro deberá plantear con este nuevo “arrebato político” como dijo el presidente de Castilla -La Mancha que igualmente este lunes, intentará que el Comité de las Regiones de Europa ejerza su propia presión por el daño a la economía de los territorios. “Europa es grande, y es el momento de demostrarlo”, dijo el viernes la portavoz del Ejecutivo español. Pero ya han pasado cinco años desde que Rusia cerrara las fronteras a cal y canto a otro amplio listado de productos agroalimentario europeos, (en aquella ocasión por la respuesta de la UE al conflicto con Ucrania en la península de Crimea), y nuestras empresas han tenido que buscarse la vida en otros continentes para no sucumbir al compás de espera de decisiones que tienen más de geopolítica que de intereses proteccionistas o de comercio internacional.