En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


La linde

28/06/2020

Se define el mensaje subliminal como aquel que es diseñado para pasar desapercibido por la mente consciente, pero sí registrado por la inconsciente. Todos los expertos en publicidad y comunicación conocen la importancia de esta técnica, que alcanzó máximo interés en los años cincuenta tras la experimentación con ‘mensajes invisibles’ insertados en cintas cinematográficas incitando a los espectadores a comer palomitas, a beber determinado refresco o a fumar una marca de cigarrillos. A tal extremo llegó la investigación por esas ‘formas ocultas’ de propaganda, que durante la Guerra Fría se convirtieron en arma psicológica.
No sé si las constantes alusiones que las derechas realizan a las marchas celebradas el Día Internacional de la Mujer como origen de nuestros males tienen compleja intencionalidad subliminal o no, pero la evidencia certifica que su fijación con ellas es obsesiva. Tras haber intentado extender desde el ámbito político al judicial la supuesta relación entre aquellas manifestaciones con la pandemia de la Covid-19, ahora el secretario general del Partido Popular, García Egea, vuelve a la carga y advierte al Gobierno de qué si no se cumplen estrictas medidas de control y seguridad en la entrada de pasajeros a nuestro país, el aeropuerto de Barajas puede convertirse en ‘otro 8-M’, como si aquel domingo de marzo las calles españolas hubiesen sido un mortífero pandemónium.
Es penoso constatar que en cada sesión parlamentaria los diputados de las derechas sacan a pasear esa fecha como espantajo para abofetear a Pedro Sánchez y a su gobierno. Esta insistencia en colgar de esta percha cuantas ocurrencias tienen sus estrategas para deslegitimar la acción del ejecutivo es obscena y preocupante. Puede que a su parroquia electoral tales argumentos les ‘ponga’ muchísimo, pero a una mayoría de ciudadanos nos parecen casposos, machistas, retrógrados y tremendamente clarificadores de posiciones políticas y sociales empeñadas en estigmatizar al feminismo, negando, a su modo, cuantos esfuerzos y reivindicaciones por la igualdad de género aún se precisan. A la vista de semejante matraca, no queda por menos que reiterar aquello de que ‘cuando un tonto coge una linde, …’, aunque el preocupante calado que tan compulsiva invectiva conlleva, desvanece el atavío chistoso que todo buen refrán tiene.



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