Greguerías

Aurelio de León


La pobreza existe

Aunque desde su coche de última generación o desde su lujosa residencia muchas personas no la vean, la pobreza existe. A Buda le pasaba lo mismo hasta que, al mirar un día por encima del muro de su palacio, vio una inmensa cantidad de mendigos que merodeaban en los alrededores. Un señor muy rico de Washington, con fuertes negocios en Latinoamérica, no podía entender que existiesen personas cuyas cuentas bancarias no ascendiesen al millón de dólares.
Pues sí, hay pobres, muchos pobres. Alrededor de ochocientas mil personas, el 11% de la población mundial y el equivalente a la población de la Unión Europea y Estados Unidos, viven subalimentadas. Hace bastantes años tuvo lugar en España una gran campaña contra el hambre, conocida con el nombre de ‘Pobreza Cero’, una campaña firmada solemnemente por muchos organismos públicos, entre los que figuraba nuestro ayuntamiento de Talavera. En la Castellana de Madrid permanecieron instaladas tiendas de campaña para exigir el cumplimiento del 0,7 de los presupuestos del Estado. La campaña no tuvo el éxito esperado. La pobreza, en lugar de disminuir aumentó y sigue creciendo. Y es que la solución al problema pasa por un reparto más equitativo de la riqueza, por un salario justo, por conseguir empleo para todos, por políticas tendentes a la promoción social y cultural de las clases desfavorecidas.
Muchos dicen que entre nosotros ya no hay pobres. Se basan en que la gente va bien vestida por las calles y lleva a sus niños en sus cochecitos bebés. A estas personas habría que decirles que esta apariencia de riqueza procede en bastantes casos de entidades benéficas o de caridad. Carecen de razón los que piensan que Dios quiere la pobreza. No. Dios no quiere la pobreza, sino que ama a los pobres y se pone de su parte precisamente para sacarles de su miserable situación. Por eso, el que quiera seguir a Jesucristo deberá, como él, ponerse del lado de los pobres y luchar por la erradicación de la pobreza y por una mayor igualdad entre todos. Los nuevos gobernantes en los ayuntamientos y autonomías deberán priorizar, por encima de todo, esta urgente tarea. No podemos consentir que en pleno siglo XXI haya personas que pasen necesidad por la mala distribución de la riqueza. Los responsables políticos no pueden conformarse con el mantenimiento y buen funcionamiento de los comedores públicos y los bancos de alimentos. Esto ciertamente hay que seguir haciéndolo mientras existan personas que lo necesiten, pero, sobre todo, deben intentar desterrar la verdadera causa de la pobreza mediante planificaciones y actuaciones conducentes a la desaparición de las desigualdades económicas y sociales.
Hay que seguir proporcionando alimentos, sí, pero también y, si cabe de modo más intenso, solucionar el problema del desempleo y trabajar de modo eficaz en la promoción social y cultural de las personas desfavorecidas.