Mi media Fanega

Jorge Jaramillo


Los jóvenes ante Mercosur

Menos del 6 por ciento de los agricultores europeos son “jóvenes” a los ojos de los reglamentos comunitarios y otras estadísticas. Es la consideración que tienen por no alcanzar aún los 40 años que viene a ser como la edad de corte para decepción de otros productores que se sienten igual de nobeles y piden incluso una revisión de los baremos para optar a incentivos públicos similares a los de la primera instalación.
En el caso de nuestro país, el porcentaje es aún más bajo (3,75% sobre el total, según el Ministerio de Agricultura) a pesar de que estos cuatro últimos años los planes de desarrollo rural hayan catapultado las cifras de nuevas incorporaciones en todo el país, con regiones como la nuestra a la cabeza tirando de ese relevo y un saldo propio de unos 2.700 chavalas y chavales que han decidido dar continuidad a la explotación familiar, o asumir directamente su riesgo empresarial en un sector que conocen más o menos.
Con ellas y ellos, el despoblamiento no avanzará con tanta saña. Con ellas y ellos, la vida en muchos pueblos se irá regenerando ofreciendo una nueva oportunidad al territorio. Con todos, la agricultura recibe nuevos cómplices que serán testigos y protagonistas de la revolución digital, la del big data cual pilotos de esas avanzadas herramientas que les permitirán navegar sobre las turbulentas y revueltas aguas de la liberalización comercial, en cuyo escenario irrumpen casi sin red.
En Bruselas, el Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores renovó precisamente votos en la Asamblea general que se celebró en Estocolmo (a dos votos nos quedamos de una vicepresidencia) con un mensaje exigente de cara a la próxima Política Agraria Común (PAC), mientras Europa cerraba un “histórico” acuerdo con los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) que dará paso preferente a las empresas de la UE a una zona de 260 millones de consumidores, y al contrario, a un espacio común de 500 millones.
El hecho de que haya costado veinte años en sacarlo adelante da una pista de los riesgos que algunos sectores como el agrícola habían advertido por no estar dispuestos a ser moneda de cambio. Está por ver. Hasta Francia planteó serias dudas en el último minuto de las conversaciones.
Sin embargo, la Comisión Europea quería despedir su último mandato tras las elecciones al Parlamento con un golpe de efecto erigiéndose como baluarte del libre comercio bajo acuerdos de asociación frente al criticado proteccionismo de los Estados Unidos. No en vano, la cumbre del G-20 habría precipitado las conversaciones por ser el marco ideal para escenificar fuerza tras el Brexit como ya temían las organizaciones agrarias en la víspera.
En España, las principales “opas” firmaron un comunicado conjunto subrayando las incertidumbres y los posibles perjuicios, especialmente para la ganadería vacuna por el incremento de las cuotas de exportación de Mercosur. Hasta pidieron a Pedro Sánchez por carta toda la protección posible.
Tras cerrarse y hacerse público, el mismo comisario de Agricultura, Phil Hogan, minimizó los riesgos destacando logros para las 370 denominaciones de origen e indicaciones agroalimentarias europeas que serán reconocidas y respetadas allí. Pensemos por ejemplo en nuestro queso. Según sus palabras también se abren opciones para el vino y el aceite de oliva.
Pero los temores, siguen ahí. A falta de un análisis más exhaustivo, hasta el propio Copa-Cogeca -que representa a las organizaciones agrarias de toda la UE y a las cooperativas- recordó que “las decisiones que se tomen ahora sobre el comercio, afectarán a los cimientos de la vida europea de las próximas generaciones, especialmente en un momento en el que el sector agrícola está buscando asegurar su renovación generacional”.
En este sentido, probablemente muchos de los que llegan vean con lejanía las temidas consecuencias. Pero dadas las incógnitas que tendrán que despejarse antes de la ratificación del Tratado,  bien cabría un gesto creíble de la Comisión para reforzar la posición de estos nuevos productores. La futura PAC es el marco ideal. Quizás todos puedan aprovechar la tesitura cuando la nueva Eurocámara recupere en otoño el debate político de la próxima reforma.