MIS RAZONES

Pilar Gómez


La cumbre de la indignidad

El encuentro entre Pedro Sánchez y Quim Torra en la Generalitat, disfrazado como el arranque de una nueva era de ‘diálogo y reencuentro’, tal y como lo presentan los propagandistas de La Moncloa, no ha sido otra cosa que la lacerante humillación por parte del presidente de un Gobierno ante un personaje indigno, condenado por desobediencia, inhabilitado como diputado, pendiente de inhabilitación como presidente, el ‘Le Pen español’.
Con la parafernalia propia de una ‘cumbre’ entre dos jefes de Estado, Sánchez ha protagonizado uno de los episodios más vergonzanes de cuantos se hayan podido vivir en estas cuatro década de reciente y frágil vida democrática. Ha habido momentos inquietantes en el esperpento de la plaza de San Jaime. Muy particularmente, cuando Sánchez se refirió a que ‘con la ley no basta’ para superar el supuesto ‘conflicto político’ catalán. En lugar de presentarse en Barcelona a defender la ley con firmeza y decisión frente a un grupo de sediciosos que amenazan cada día con repetir su sublevación, el presidente del Ejecutivo español ha optado por la vía del entreguismo y la humillación. Sin ley no hay democracia. Sin ley no hay Estado de Derecho.
Sabido es que la única obsesión de Sánchez es ahora sacar adelante los presupuestos, lo que le colocaría en la seguridad de mantenerse en el poder buena parte de la presente Legislatura. Antes lo fue el conseguir ser investido, y lo logró. Precisaba para ello, igual que ahora, del respaldo de ERC. De ahí el odioso numerito al que hemos asistido esta semana.
Lo más triste y doloroso de la visita es que se ha dejado a los pies de los caballos a esos cientos de miles de catalanes, que son mayoría en su comunidad, que son hostigados, perseguidos, ninguneados y maltratados por este espectáculo infame que consiste en rendir pleitesía  a quien pretende arrebatarles su identidad como pueblo, como españoles, como ciudadanos y como personas.