NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


El del Euromillón

Sí, lo confieso, el del Euromillón soy yo. Soy yo quien ha ganado esa burrada de ciento y pico millones de euros en Ciudad Real. Llevo todo el mes de julio en la capital manchega y pasé el otro día por la calle del Olivo y me forré. Así, sin venir a cuento. Sin más, por mi cara bonita, que diría Carmen Calvo. Un millonario de estío, sombrero y guayabera. Ese soy yo. Si lo ven por las calles de Ciudad Real o Toledo, no se asombren. Respétenlo. Mi trabajo me ha costado y más que me va a costar. El sacrificio inmenso que tengo por delante no admite objeciones.
Por lo pronto, abro mis brazos en cruz y pongo la mitad de mi fortuna en manos de Hacienda. Así, tal cual, generosamente expoliado por el bien de la causa. Las arcas de Montero – no sabemos todavía cuál de las dos- lo merecen. No preguntan, no piden opinión, solamente actúan. Es maravilloso, nunca un país fue tan propicio para ricos. Qué tiempos los de Solchaga, que ya anunciaba lo que venía. Pero la cosa no va a quedar ahí. Mi formación moral y espiritual no me lo permite. Podría yo alquilarme un barquito o un catamarán, irme a unas islas innombrables cuya grafía no recuerdo –por eso no las escribo, para no levantarme a mirarlo- y despedirme del mundo conocido. Pero yo no soy así. Quienes me conocen, lo saben. Voy a hacer mi humilde aportación a la causa, ahora sí, de verdad, al gobierno fabuloso que a punto está de alumbrarse en España.
Ya he hablado con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Les he dicho que puedo ser su Juan March para el salto hacia el Acuerdo. Que no se preocupen por ministerios. Si hay que redoblarlos, duplicarlos o quintuplicarlos, que no sea por dinero. Aquí hay millones para todos. Se pueden crear treinta y nueve vicepresidencias y ciento quince ministerios. Materia y trabajo, hay. Otra cosa es que no quieran verlo. Propongo varias subsecretarías y direcciones generales, comenzando por la de la calidad del aire y terminando por la de los cerdos criminales que se reproducen sin control en granjas mostrencas. Hay trabajo para todos. Estos chicos querían asaltar los cielos y ya pueden hacerlo. No voy a ser yo obstáculo para ello. Sólo que hay que arremangarse y ponerse manos a la obra. Yo pago, ellos actúan por nuestro bien. 
La verdad es que todo esto incluye varios planes quinquenales que se irán reajustando en función del dinero que vaya quedando. Si se esfumara, siempre podríamos endeudarnos y pedir un préstamo a fondo perdido, que ya recuperaríamos algún día que otro. Total, somos el Estado y para eso tenemos la maquinita de hacer dinero. Es el principio básico de la economía bolivariana y cualquier otra que digne llamarse de tal nombre. Esto será el no va más. Y usted y su bolsillo lo van a notar. Porque, claro, no lo puedo yo pagar todo.
Ya sé que semejante muestra de generosidad no será agradecida nunca suficientemente. A no ser que me hagan un mausoleo a mi deceso y se me recuerde por décadas. Mira, podíamos sacar a Franco del Valle con unas miguitas y luego que me llevaran allá. Total, Cuelgamuros parece tranquilo. Aunque no sé, no sé. Mucha dadivosidad me parece a mí esto. Quizá debiera comprarme unos escarpines para llevar calceta por dentro y pasar al anonimato del guiri pintoresco. 
Era todo mentira. Son los calores del verano, que vuelven mis siestas traumáticas, a medio camino entre dinosaurios, elefantes y pesadillas. Pero... ¿A que ha colado? Sería maravilloso. Ahora sí que llega la canícula de verdad. Feliz verano.