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Miguel Ángel Collado

Alma Mater

Miguel Ángel Collado


No renunciemos a los clásicos

13/12/2021

La cultura europea hunde sus raíces en la tradición griega y latina; no solo en la lengua sino también en las ciencias, en el derecho, en la filosofía como recordaba el ministro de educación italiano en la Primera Jornada europea de las lenguas y las culturas clásicas, celebrada recientemente a iniciativa del ministro de educación francés Jean-Michel Blanquer con la participación de sus homólogos griego y chipriota, así como el vicepresidente de la Comisión Europea Margaritis Schinas. Precisamente Blanquer está impulsando en el vecino país una reflexión preocupada por el auge de la cultura de la cancelación, que se convierte en una cancelación de la cultura, generando comportamientos en universidades anglosajonas que cuestionan las grandes obras y autores clásicos.
Si en la Universidad de Columbia la lectura de las Metamorfosis de Ovidio va precedida de una advertencia porque el libro «contiene material ofensivo» y en Oxford se debe revisar el estudio de La Ilíada y la Odisea de Homero, Princeton ha anunciado que no será obligatorio para los alumnos de Estudios Clásicos el latín y el griego. Estas decisiones son fruto de un movimiento que parte de Stanford y cuestiona la existencia de los estudios clásicos en los campus universitarios, argumentando que impondrían una cosmovisión contemporánea derivada de la cultura grecorromana que sería «cómplice, en diversas formas, de la exclusión, incluida la esclavitud, la segregación, la supremacía blanca y el genocidio cultural».
No se puede negar la posición de los grandes autores clásicos en cuestiones como el esclavismo, pero ello no debe llevar a su cancelación directa sin hacer un ejercicio para situarlos en el contexto histórico. Los clásicos nos enseñaron a ubicarnos mentalmente en el mundo y, sobre todo, a hacernos preguntas, a interrogarnos por nosotros mismos y no dar nada por supuesto. Atenas nos ha legado los grandes conceptos abstractos. La virtud, la dignidad, la justicia, el bien común…. cancelar Grecia es cancelar el logos, la razón, la democracia. Cancelar Roma significaría cancelar los grandes conceptos jurídicos, el Derecho.
Los griegos no desdeñaron asumir ideas y construcciones intelectuales de otros pueblos, al contrario, tenían deseos de conocer, eran conscientes de la importancia de la apertura a otros pensamientos. Fueron unas gentes que ni siquiera lograron su unidad, que fueron derrotados, pero sí lograron transmitir su pensamiento, sus razonamientos. Lo que nos lega la cultura clásica es la apertura de mentes, la búsqueda de lo universal, el entendimiento de la relatividad, la comprensión de la complejidad del ser humano, las tragedias griegas nos enseñan sobre la maldad y la bondad, sobre los sentimientos y las pasiones de los hombres.
Los clásicos nos ayudan a entender el mundo y su diversidad. La Odisea es una obra clásica precisamente porque cada ser humano, cada tiempo pueden hallar reflejadas en sus versos sus vivencias, sus sentimientos, sus valores. De la Ilíada se ha dicho que «inaugura de hecho lo que será el deseo de universalidad propio de nuestra cultura y la apertura hacia los demás, que, contrariamente a muchas civilizaciones, se sitúan con primacía entre nuestros valores».
En definitiva, Atenas instauró el debate en el centro de la vida pública y a través del debate acotó los principios que debía regir y respetar la vida pública. Hablar, exponer criterios propios y contrastar con los ajenos, convencerse unos a otros mediante el diálogo, mediante la palabra es signo de orgullo y de distinción de la Grecia clásica.
No renunciemos a aplicar y a trasmitir que el debate, la discusión sincera es el camino para resolver las diferencias. No renunciemos para ello a la ayuda de los clásicos.