Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Capitanas intrépidas

Sólo ellas salvarán a Europa. Sólo ellas nos salvarán. Como en aquellas películas de Tourneur de los 50, La mujer pirata, La mujer pantera... Mujeres fuertes y con ideas claras en una Europa definitivamente convertida en un zoco de cargos, presidencias, despachos y reparto de poder y dinero. Capitanas intrépidas como Carola Rackete, o Pía Klemp. Mujeres fuertes como Helena Maleno desde su atalaya de Tánger. En Tánger el Mediterráneo se hace Atlántico, petroleros y cargueros cruzan sin descanso el Estrecho, entran y salen ante la mirada de cientos, miles de jóvenes que observan la otra orilla desde el café Hafa, desde las tumbas fenicias de marineros llegados desde el confín oriental. Todos, todas, quieren ir a labrarse un futuro al otro lado.
Bombardeo en Trípoli, centro de refugiados. África es un hormigueo cruzando el Sahara hasta ese Mediterráneo azul. Qué debe ser, cómo se deben llenar los ojos al contemplar el Mediterráneo después de cruzar desiertos y oasis, contemplar todas las estrellas desde las noches gélidas del Sahara inmenso... ¿Por qué no hay futuro en África? ¿Porque sigue siendo un inmenso negocio del primer mundo, del terrorismo islamista? No interesa. No hay salida.
Río Grande. Frontera falsa, la Nueva España partida en dos, los cadáveres orillados de un padre y su hija, refugiada bajo una camiseta negra, agua zarca, espesa. Los campos de concentración en la frontera mejicana. La raya del futuro o la muerte, el patio trasero de Estados Unidos, Honduras, Guatemala, El Salvador... Centroamérica usada y saqueada, tomada por dictadorzuelos como Noriega, se desangra hacia el norte,
Europa es, a estas alturas, ante todo una inmensa decepción. Quizá lo fuese en los años 30, o después de la Gran Guerra, o mientras España se desangraba en la suya... Ahora tampoco hay respuesta, los cadáveres del Mediterráneo no son números, estadística. Son vidas. La única respuesta es cerrar puertos, no hay compasión, ni piedad, ni auxilio. Molestan, estorban, sobran. No hay derechos. Quizá no sean ya ni humanos. Somos una sociedad de medianías, de mirada corta, muy corta. Nos dicen que son tiempos de mirar sólo lo nuestro. Y nos lo hemos creído.