Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Augures miopes

11/01/2021

La infantilidad creciente de la sociedad cómoda, nos tiene los sesos hechos agua. Un síntoma de esta otra pueril pandemia es nuestra entrega a los profetas que vaticinan el futuro base de elementos de superchería, cuando no somos capaces de adivinar lo que tenemos delante de nuestra nariz. Nos priva el tarot, el horóscopo y cualquier ocurrencia que nos cree la ilusión de que nos introducimos en las simas del tiempo y podemos anticipar el devenir. 
Realmente yo nunca me creí eso de que España tenía la mejor Sanidad ni la mejor nada. Siempre me ha parecido bastante con ser uno de los países desarrollados y tener unos servicios normales, acordes con nuestra economía. Lo que no esperaba de ninguna de las maneras es que fuéramos el vagón de cola.
Esto nos pasa porque, quizá aburridos por nuestra anodina existencia, buscamos la magia en lugar de la razón. El futuro es, efectivamente, insondable, pero hay caminos que nos anticipan el destino. En mi tierra dicen que mal camino no lleva a parte buena. Este mal camino sí que es visible, no hace falta ninguna echadora de cartas para verlo. Sin embargo, nos negamos a creer lo que es palpable y buscamos signos de lo más variopintos para escudriñar lo que no es posible ver, de la misma manera que confiamos más en la suerte que en el trabajo concienzudo.
No sabemos, por supuesto, cómo ni cuándo terminará de verdad esta pandemia vírica. Nos ha sorprendido y nos ha ofendido en nuestro orgullo. Nos creíamos dioses invictos, capaces de dominar al menos nuestro insignificante mundo y un ‘bichito’, de esos que entran billones en un gramo, nos ha plantado cara y ha puesto patas arriba nuestra existencia. Sin embargo, y aunque no conocemos su fin, sí podemos saber varias cosas sobre él. La primera es que, como siempre, han tenido que ser los ‘ignorantes’ americanos quienes han obtenido la única solución que de verdad parece serlo. Su sistema sanitario es horrible, no es como el español, crisol en el que se mira el universo civilizado, pero, ha sido ese sistema económico ‘arcaico’ el que nos está proporcionando la defensa que parece que puede vencer la pandemia. 
Otra cosa que podemos ‘adivinar’ a poco que nos esforcemos, es que España tardará en salir mucho más y acabará económicamente peor que la mayoría de los países desarrollados. Es innegable que este virus está atacando mucho más al sector del turismo, hostelería y ocio que a cualquier otro y que en España estos sectores tienen proporcionalmente más peso que en la mayoría de los países de nuestro entorno, pero tampoco necesitamos a ‘Rappel’ para saber que el camino económico que están marcando Pedro y Pablo, como el mal camino, no llevan a parte buena. Un ejemplo simple servirá: España ha perdido en 2020 más de un diez por ciento de su riqueza y millón y medio de puestos de trabajo. Lo lógico sería repartir ese descenso, de forma que, con la mayor justicia posible, todos asumamos una parte del recorte. Sin embargo, mientras a unos grupos se les suben los ingresos otros quedan abandonados a su suerte, lo que no es forma de encarar esta crisis. Tampoco es necesario consultar al augur para saber que diecisiete sistemas sanitarios y diecisiete fronteras interiores son un laberinto ineficaz, Sin embargo, en lugar de empuñar la batuta, el Estado se echa a lado para no mancharse con el problema. 
La última evidencia de nuestro mal camino, es hacer compartir el cargo, nada menos que de Ministro de Sanidad con la candidatura a la Generalidad cuando la pandemia arrecia. ¿Seguimos echando las cartas o pensamos un poquito?