EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


‘Chorry’

La idea de hablar en cristiano y no en sarraceno, forma parte de la tradicional inquina y desidia de los españoles al estudio de las lenguas extranjeras, históricamente derivada de la autosuficiencia arraigada en el subconsciente colectivo que otorga el hecho de sentirse hijos de una lengua universal.
Me cuenta uno de mis hermanos, a quien por desgracia el Espíritu Santo no le ha dado precisamente el don de las lenguas, aunque sí muchos otros y mejores, que, encontrándose en Londres, en los típicos ambientes y lugares de confluencia turística, donde la gente se pone espléndida y al mínimo roce, molestia o incomodidad te dicen ‘sorry’, ‘sorry’ y venga ‘sorry’, cuando después de un día entero deambulando por la ciudad descubrió por fin el significado de ‘sorry’, decidió unirse gustosamente a tan extendida cortesía ciudadana, con la lamentable variedad consistente en que en vez de entender ‘sorry’ entendió ‘chorry’, pasándose el resto del viaje que si ‘chorry’ por aquí, que si ‘chorry’ por allá, sin que nadie de los acompañantes se dignara a corregirlo.
El inglés no suele ser el fuerte de los políticos españoles, aunque parece que la nueva generación, Sánchez, Casado, Iglesias, lo chapurrean de manera bastante aceptable, al margen de casos tan llamativos como la famosa intervención de la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, el «relaxing cup of café con leche» de Ana Botella, o el «It’s very difficult todo esto» de Rajoy al presidente británico David Cameron.
Parece que las encuestas que recopila Eurostat y los informes de Education First, una empresa fundada en Suecia en 1965 que publica anualmente un ranking conocido como EF English Proficiency Indexy, siguen situando a España en los últimos puestos de Europa, debido al hecho de contar con una potente lengua global. Según esos datos, la población de 25 a 34 años se ha quedado muy retrasada respecto al nivel alcanzado por los jóvenes de países cuya población general presentaba hace 10 años tasas de conocimiento similares a la española, como Portugal, Grecia e Italia. Algún experto apunta al hecho de que los países más grandes tienen un mercado interior mayor y no les preocupa tanto aprender idiomas. En fin, ya se sabe que cuando el río suena agua lleva (‘when the river sounds, it carries water’), y que a la tercera va la vencida (‘to the third goes the defeated’).
Pero nunca se sabe, de perdidos al río (‘from lost to de river’), que a palabras necias, oídos sordos (‘to stupid word, deaf ears’), y vete a saber (‘go to know’), porque no cabe duda, y podemos constatarlo en nuestro entorno más directo, salvo en el caso de mi hermano que ya no tiene solución, que el aprendizaje de inglés en España se ha transformado y el nivel ha mejorado.